Cada miércoles un cuento en El Estafador

jueves, 19 de marzo de 2009

Chasco


En mi época chunga de adolescentes (esa tan habitual en la que uno quiere morirse porque la vida es una mierda) tenía un calendario de mesa, en forma de uve, seis meses en una cara, seis en la otra y un termómetro tornasolado poco fiable en la parte de arriba. Con un boli bic negro tachaba con saña cada día que pasaba. Era una carrera sin meta hacia no sé sabe dónde. Creo que de aquella época me ha quedado la manía del preso de contar los días que faltan para algún hecho determinado.

El día de hoy lo tenía marcado en el almanaque y lo esperaba con ansia. No veía el momento en que Juan me regalara, por fin, un cenicero de barro. Había decidido, unilateralmente, que ya había llegado el momento. El año pasado hicieron en el cole un retrato-pinza muy gracioso pero nada como un cenicero de barro regalado en el día del padre por tu primogénito. Ya me imaginaba fumando mi tabaco de liar y dejando caer la ceniza entre los surcos de las palabras "te quiero, papá" escritas con esa caligrafía infantil tan tierna.

Bien, pues llegó el día y ¿sabéis que me ha regalado mi chiquillo? Unos momentos de suspense... Nada. No me ha regalado nada. ¿Os lo podéis imaginar? Ni cenicero, ni tarjetita, ni un portafotos de cartulina ni nada. Es que dicen en el colegio que hay muchas familias monoparentales (o lo que es lo mismo: solo con madre) y que no veían bien celebrar el día del padre. Lo más curioso es que en mi trabajo nos imponemos criterios parecidos. La situación sería incómoda: Venga, niños, a hacer el regalo de papá, Luisito tú no, quédate llorando en ese rincón porque no tienes papá. (Carlos Areces tiene un chiste buenísimo de esto en El Jueves, pero no lo encuentro). En fin, que me he quedado compuesto y sin cenicero.

Por lo demás, estoy celebrando el día del padre arriesgando mi vida para poner en el patio un toldo casero. Me dan un miedo total las escaleras de más de tres peldaños. Por no hablar de las kafkianas leyes que rigen el mundo de las poleas. Pero no había más remedio que ponerlo. El año pasado no tuvimos y en verano el patio alcanzó temperaturas superiores a los 50ºC, se nos desnaturalizaron algunas proteínas y lo pasamos fatal.

(Un toldo casero en el patio es de ese tipo de cosas que hacen que las visitas te acribillen con consejos no pedidos ni deseados. Que si está tocando con el aparato de aire acondicionado y se va a prender fuego, que si los alambres están poco tensos, que si la tela marrón aguanta más al sol que la verde...)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues cuenta el chiste, coño.

Por cierto, luego te hago una revisión ortográfica acorde con las normas actualizadas de la RAE... ¿O te me vas a adelantar?

Bilbotín dijo...

Fedeeee, qué intervención más tierna de Juan en la radio!!! Hoy ha sido el día familiar por excelencia, que ha llamado hasta tu madre!!
Seguro que Celia se ha tenido que aguantar las lágrimas...

Bueno, perdona que no venga mucho a colación, pero es que me ha gustado.
Y ya que éste es el blog también de los pequeños, tenía que decirlo.
Un saludo.

Inverosímil dijo...

"Sólo estoy un poquico malo..." Como no le vas a perdonar lo del regalo...

Purkinje dijo...

La culpa no ha sido de Celia, ni siquiera de tu madre... la culpa ha sido de Juan y su acento murciano... Hala! ya tienes una seguidora más...

NOTA: Transcripcion literal del capcha (las letrillas esas que salen antes de comentar): stallin
¿Que me quieren decir con eso?¿Tengo que ir corriendo a comprar hoces y martillos?¿la revolución está cerca?

Mercedes dijo...

Y la chapa del barbapapa peludo reciclando la que regalaban el 8 de marzo no te parece un buen regalo del padre?

fml dijo...

Anónimo, el chiste contado pierde mucho. En el dibujo se ve a la maestra anunciando a la clase que van a hacer un regalo para el día de la madre y a Marco en un rincón, con Amedio en el hombro, y los ojos cuajaditos de lágrimas.

Bilbotín, es que Celia es muy familiar. Y nada que perdonar, no hay nada que haga con más gusto que hablar de mis chiquillos (hay quien ya no quiere juntarse conmigo porque no hablo de otra cosa).

Inverosímil, yo a Juan le perdono cualquier cosa, hasta que mienta sobre su estado de salud.

Purkinje, no hay nada que hacer con el acento murciano de Juan y mira que lo hemos intentado. (No lo quiero contar para que nadie me copie pero estoy pensando algún tipo de composición litararia con las misteriosas palabras que aperecen en el capcha.)

Mercedes, había obviado lo de la chapa del barbapapá. ¿De verdad hay que hablar de eso es público?