Cada miércoles un cuento en El Estafador

miércoles, 24 de febrero de 2010

Las increíbles aventuras de Niño catódico y Niño Sónico. Hoy: Interferencias

La periodista puso su mejor sonrisa, se dispuso a deslumbrar a las cámaras, una vez más, y empezó a recitar el guión.

De repente, una voz familiar resonó en su cabeza. Vaya, pensó, hace tanto tiempo que no veo a mis sobrinos que hasta escucho sus voces. Dio entrada al enésimo vídeo sobre el mismo asunto y aprovechó para apartarse un mechón de pelo que llevaba incomodándola toda la mañana. Volvió a escuchar las voces. Eran demasiado claras para ser un recuerdo. Parecía imposible pero sus sobrinos le estaban preguntando que dónde se había metido que no la veían. He dormido peor de lo que creía, pensó la periodista.

Les dieron paso de nuevo y esta vez fue su compañera la que tuvo que hablar. En su cabeza empezó a sonar una algarabía tremenda. Sus sobrinos se alegraban de volver a verla. La periodista se tocó el pinganillo por si aquello se trataba de alguna extraña interferencia. Las voces siguieron sonando. Sus sobrinos le preguntaban por la primita. Cuando le tocó intervenir, dejó a todo el mundo con cara de desconcierto porque, en vez de leer su parte del guión, empezó a tener una conversación con dos personas inexistentes.

Alarmado, el realizador dio pasó a publicidad.

-¿Estás bien? -le preguntó su compañera.

-Sí -dijo la periodista -sólo tengo que hacer una llamada.


Se marchó a un rincón del plató y marcó un número de teléfono.

-Sistel -se escuchó al otro lado de la línea-. Pensaba que estabas trabajando.


-Eso intentaba, hermano. ¿Qué haces?

-Pues estaba revisando mi segunda novela. Es que últimamente solo escribo “cuentos pop” y temo encasillarme.

-Ya. ¿Y Mercedes?

-Pues no lo sé. Creo que se está arreglando una falda que se compró cuando estuvimos en Barcelona.

-¿No estáis con los niños?

-Sí, están viendo la tele.

-Me están viendo a mí.

-Qué gracia. Seguro que están hablando contigo. Siempre que te ven empiezan a decirte cosas.

-Dímelo a mí.

-Juan se enfada mucho porque no le respondes.

-Pues hoy estará contento porque hemos estado hablando en directo.

-Vaya, ha vuelto a usar sus poderes sin decírmelo. Debería haberlo supuesto.

-¿Sus poderes?

-Es una larga historia. Voy corriendo a cambiarles de canal.

-Estaría bien. Por aquí me miran todos como si me hubiera vuelto loca. ¿Desde cuándo Juan y Darío pueden hablar con la gente que sale en la tele?

-¿Te acuerdas de lo de la tele que se le cayó encima este verano? ¿Y del tocadiscos que Darío se tiró encima? Pues...

-Perdona, luego te llamo, es que me toca entrar. Anda, porfa, ponles otra cosa en la tele.

-Voy. Adiós.

-Adiós, hermano.
 
(Los anteriores capítulos, aquí).

4 comentarios:

Una mamá (contra) corriente dijo...

Buenísimo!

Pilar dijo...

No sé si sabes realmente lo estresante que puede llegar a ser que te digan cosas por el pinga cuando estás en un directo y si encima te dicen cosas que no tienen nada que ver con lo que tú tenías que decir... es un desdoble de personlidad total... Me parece una historia estupenda y... com guión de serie de Tv tampoco estaría mal....

Maite dijo...

Igual me paso de susceptible, pero a mi me parece que le dices a tu hermana que ve poco a tus hijos.....mmmmm, que por otra parte es lo mismo que me podia decir mi hermano a mi........ vaya, me siento culpable :S

elhombreamadecasa dijo...

Mamá contracorriente, a mi hermana no le pareció tan buenísimo pero ya sabe que mis chiquillos son así y se lo perdona todo.

Pilar, no lo sé pero me hago una idea, debe ser algo así como intentar hablar por teléfono mientras dos chiquillos no dejan de hablarte a gritos.

Maite, mi hermana dice siempre que echa mucho de menos a sus chiquillos pero ya que lo comentas, la verdad es que soy yo el que llevo varios días reprochándome lo poco que veo a mi sobri. De todas formas, y como dijo una vez Joaquín Reyes, yo todo esto me lo invento (menos Espinardo). Y cualquier aprecido con la realidad es pura coincidencia.