Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 7 de febrero de 2012

Limpiando cristales


Ayer limpié los cristales de toda la casa. Y tengo varias cosas que decir al respecto:


1. Mi madre siempre me explicaba que no había que limpiar los cristales si les estaba dando el sol porque se quedaban llenos de restregones. No seré yo quien ponga en duda las enseñanzas maternas, algo, por otro parte, muy recomendable. Pero sí diré que lo que pasa cuando el sol (o una luz artificial) pega de lleno sobre una superficie, es que se ve toda la suciedad que antes pasaba desapercibida. Es como cuando andas tan feliz porque crees que tienes limpios los fuegos de la cocina y enciendes la luz de la mampara extractora de humos solo para descubrir que están llenos de grasa y... perdonad, la sola imagen de esto que estoy hablando es muy dura, no puedo seguir.


2. Me he tomado una tila y ya puedo seguir. Creo que esto lo he contado ya pero, por si acaso, insistiré. Cuando trabajaba de educador, usaba mi faceta de amo de casa para predicar con el ejemplo (lo de predicar es de forma figurada). No perdía oportunidad para decir que fregaba los platos, hacía la comida y cosas así. Lo normal era que los adolescentes hiperhormonados me llamaran maricón. Eso daba pie a nuevas conversaciones del tipo ¿Y qué? Al final, fueron aceptando que un hombre se hiciera cargo de las tareas del hogar, menos limpiar los cristales. Una de las chicas, casi fuera de sí, me dijo que ella jamás podría vivir con un hombre que limpiara los cristales de su casa.


3. He desarrollado la teoría de las coincidencias negativas. El objetivo principal es dejar sin importancia a las coincidencias positivas. Si uno se encuentra por la calle con un amigo al que hacía siglos que no veía, llega a casa contándolo. Mercedes, ¿a que no sabes con quién me he encontrado? Pero si uno no se encuentra, pongamos por caso, con su maestra favorita del cole después de toda una tarde de paseo por la ciudad, no llega a casa diciendo: Mercedes, madre mía ¿sabes que no me he encontrado con mi maestra favorita del cole? Por cada coincidencia positiva hay mil, o un millón, de coincidencias negativas. Si se limpian los cristales y no llueve, nadie dice nada. Pero si llueve después de limpiarlos, ya tenemos montado el drama. 


Esa es una explicación. La otra es que dios sí existe y no tiene otra cosa que hacer que joder a quienes nos encargamos de las tareas del hogar. No lo descarto.


4. Cuando llegó Mercedes, la seguí a todas partes, expectante. No paraba de enviarle mensajes telepáticos para que se fijara en lo limpias que estaban las ventanas. Y ella ni caso. Es tan necesario ser reconocido, que te digan que lo has hecho bien, que eres útil. En vista de que pasaba de mí, recurrí al típico plan B: Darío, dile a tu madre a qué nos hemos dedicado toda la tarde y lo limpios que hemos dejado los cristales. Y así, recibí mis golpecitos de ánimo en la espalda.

7 comentarios:

Y entonces llegó el caos dijo...

Jajajaja... si, yo cuando limpio también persigo a mi marido por la casa para ver si se da cuenta de lo megahipersuperpulcro que he dejado todo. Como nunca lo hace, acabo haciendo "tachááánn" así con los bracitos, como las ayudantas de los magos mostrando que éstos han desaparecido...
Ains. Qué dura es la vida.

Chelo dijo...

Es que queréis que estemos a todo, no puede ser!!

Mi álter ego dijo...

Cuando tengas un ratito pásate a limpiar los cristales de mi casa, que el churri y yo somos muy vaguetes para ese menester... Saludos.

ana dijo...

Es que cuando limpias nadie nota que has limpiado, eso sí cuando algo está sucio si se nota lo sucio que está. Vaya asco, no?

migremlinnomecome dijo...

Y aquí otra reflexión sobre la diferencia entre las cosas grandes y las cosas pequeñas... y como cambia la película si una ventana "crece" un poquito y se convierte en una "luna".
Conozco una señora con un negocio que tenía contratada a una empresa limpiadora. Una vez a la semana venía un señor, en plan profesional, a limpiar los cristales del escaparate. Cambió la empresa limpiadora, y resultó que la "limpiadora de lunas" ahora era mujer. ¡Ay, qué disgusto! Pensó que era imposible que una mujer hiciera bien ese trabajo. Obviamente, los limpiadores de lunas, con sus escaleras y sus cubos, son siempre hombres... eso sí, las ventanas son cosa de mujeres.
Qué cosas.

Leia Organa dijo...

Pues yo no entiendo a esa alumna tuya... yo le pediria en matrimonio a aquel hombre que me prometiera limpiar los cristales forever... eso si es amor!

elhombreamadecasa dijo...

Y entonces llegó el caos, si es que no hay nada como que te feliciten por tu trabajo.

Chelo, somos parejas exigentes.

Mi álter ego, acabo de consultar la agenda y no me quedan ratos libros hasta agosto de este año.

Ana, has dicho una de las verdades indiscutibles del mundo del hogar.

Migremlinnomecome, te ha salido un cuento a lo Gianni Rodari.

Leia, tenías que ver los elementos con los que se acababan emparejando, ay.