Cada miércoles un cuento en El Estafador

viernes, 31 de octubre de 2008

¡Esa reina, esa reina, eh, eh!

De vez en cuando me gusta destilar un poco de rencor republicano y, la verdad, si no lo hago más no es por falta de oportunidades. Hoy voy a darme el gusto.

El lenguaje hace el pensamiento. Al revés, se puede conocer lo que cada cual piensa por cómo habla. Las realidades que no se quieren aceptar, las que se niegan, son pronunciadas mal. La palabra que las representa es despreciada y se reinventa, generalmente de forma malsonante. Por ejemplo, en mi barrio, el aborto no es una práctica bien vista. Por eso la gente suele decir amborto en vez de aborto. Si hacéis la prueba, es más difícil decirlo mal que decirlo bien. Si lo nombrado te interesa, te esfuerzas en decirlo bien, por complicada que te resulte la palabra. Mi abuela materna no conseguía recordar el nombre de Darío. Lo confundía con uno de sus medicamentos y lo llamaba siempre Adiro. Pero se resistió y al final, con lo malica que estaba y a pesar de la medicación, consiguió llamarle bien. ¿Y los críos? le preguntaba a mi madre. Ella empezaba a contarle como estaba tal o cual primo. No, no, la interrumpía ella, los otros críos, Juan y Darío.

Ayer o esta mañana, no me acuerdo, he escuchado unas declaraciones de Pilar Urbano que decía citar a la reina (con minúscula a posta). Según la periodista, dicha señora pensaba que los gais no sé qué y los gais no sé cuántos. En un país como este en el que nos reimos del que pronuncia bien una lengua extranjera, hay ciertas palabras que hemos consensuado pronunciar correctamente, más que nada porque es muy fácil hacerlo. La palabra gay se pronuncia por casi todo el mundo: guei. Es sencillo. Pero Urbano, citando a la reina, dijo gai no sé cuántas veces. Evidentemente las cosas que decía de los gays no eran muy agradables. (Creo que también ha dicho algunas frases sobre la religión y la eutanasia la mar de modernas.)

Se ha armado mucha polémica pero no sé por qué. La monarquía, y por extensión sus representantes, es una institución troglodita, o al menos medieval. ¿A quién le puede extrañar que sean retrógrados, casposos y cutres?


Para acabar, un deseo. ¿Me hará algún juez intrépido el favor de secuestrar mi blog por injurias (pequeñitas, ridículas) a la monarquía y catapultarme hasta la fama? Si alguien tiene el correo de Grande-Marlaska (el juez, no el grupo de pop marxista) que le haga llegar este post, porfa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si es que los Reyes and family son más republicanos que nosotros y encima nuevos ricos, lo que tienen que hacer es largarse sin todo nuestro dinero pero antes, que el rey haga de rey de una puñetera vez y arregle el asunto de los nacionalismos.