Cada miércoles un cuento en El Estafador

jueves, 26 de febrero de 2009

De compras

Mi profesor de Filosofía de 3º de BUP y COU insistía mucho en lo que, según él, era un principio inamovible de la lógica clásica: la consecuencia no puede ser mayor que la causa. Eso es que no ha visto vomitar a Juan.





El otro día íbamos los dos tan tranquilos a comprar un libro sobre el universo (este año la semana cultural de su cole es sobre la Astronomía) cuando mi sentido arácnido se puso a vibrar como un loco. Voy a vomitar, dijo Juan. Dicho y hecho. Tuve tiempo de echar mano a la bolsa que tenemos para estas ocasiones y poco más. Os ahorraré los detalles, de escalofrío.

Creo que no quedó un rincón del coche sin salpicadura de vómito. Fregué y fregué con varios productos, a cual más fuerte, pero el olor no desaparecía empujándonos a un bucle de lo más asqueroso: coche vomitado-peste-nauseas-más vomito-más peste-etcétera.

Había llegado el momento de comprar un ambientador para coches. Y como estábamos a fin de mes y me he controlado mucho, todavía me quedaban unos eurillos para gastar en caprichos. Se imponía una visita a algún centro comercial y allí que nos fuimos Darío y yo.

Fuimos de cabeza a la FNAC, una tienda que se atreve a sugerir que tiene toda la cultura (sí, tal cual lo preguntaban en una encuesta que hicieron hace unos meses) y que presume de los dependientes más preparados. Busqué en el montón de los tomos de Bone el número 9 y no lo encontré. Le pregunté a uno de esos dependientes superpreparados. Si no está allí es que no está. Gran respuesta muy propia de un dependiente superpreparado que ni siquiera hace el paripé de buscar en la base de datos. Si yo trabajara en una tienda de cómic sabes que no iba a conocerme al dedillo las existencias. No me di por vencido y eché otro vistazo. Entonces vi en una caja así como 20 ejemplares del número 9 de Bone. Vaya, vaya, así que si no está allí es que no está. No diré nada de lo que pensé hacer con la pila de tebeos y el dependiente superpreparado.

Luego me fui a la sección de vinilos a por el último de Christina Rosenvinge. ¡Casi 30 euracos! Por favor, costaba lo mismo que el de Paul Weller At The BBC, que era triple. Me parece una exageración. Pasé de todo y me compré, en CD, el de Las escarlatinas, producido por el sinpar Guille Milkyway.


Después le compré a Darío un animalito de Schleich (una marca difícil de escribir e imposible de pronunciar). Mi madre, que trabaja en un multiprecio en el que por 60 céntimos te compras una bolsa llena de bichos, pone el grito en el cielo cada vez que ve uno de esos animales pintados a mano, tan chulos, a 3 euros el más pequeño. Una foto de mi colección... digo de la colección de Juan y Darío:



Por último compramos el ambientador del coche, uno con dos aromas: anulador del olor y níspero chispeante. ¿O era mango chispeante? Bueno, no sé, una fruta que chispeaba.

2 comentarios:

Srta. Aristas dijo...

Espero que funcione el ambientador, porque a mí me pasó lo mismo que a Juan, solo que la bolsa que utilicé estaba rota... y el producto que utilizamos que decía que quitaba el olor no funcionó. Sí, algo muy asqueroso, y creo que tuvimos que ir con las ventanillas bajadas en pleno invierno durante mucho tiempo.
A mi favor diré que fue hace mucho tiempo, años, muuchos años, jeje.

fml dijo...

A mí también me pasó pero no uno ni muchas veces, sino más. Así que me muestro paciente y comprensivo con mi chiquillo.