Cada miércoles un cuento en El Estafador

lunes, 23 de febrero de 2009

Coronas para todos


Pobrecitos los del PP. Ellos, hijos y nietos de los que gobernaron España con el anterior Jefe del Estado sin rendir cuentas ante nadie. Ellos, dueños de grandes empresas. Ellos, poderosos o amiguísimos de los poderosos. Ellos, en tan buena sintonía con la jerarquía eclesiástica. Ellos, que sacrificaron su bienestar y aceptaron tener dificultades para llegar a fin de mes para servir al bien común. Ellos, de apellidos dobles o triples. Ellos, descendientes de rancio abolengo. Ellos, tan centrados y populares. Ellos, que han tenido que sufrir en silencio como mujeres socialistas se vestían con ropas de diseñadores famosos en vez de vestir de Tex, Vistobueno o Primark. Ellos, que ahora tienen que criticar la caza mayor porque cualquiera puede matar ya a un ciervo. Ellos, que huyen de la memoria histórica. Ellos, que fueron capaces de declarar guerras en las que han muerto cientos de miles de personas sin que les temblara el pulso. Ellos, acostumbrados a que las dentelladas y puñaladas traperas llegaran de los propios y no de los extraños. Ellos, que tanto han hecho por este país. Ellos, que han tenido que tragar saliva y citar al mismísimo Bertolt Bretcht. Ellos deben sufrir ahora que jueces, fiscales y periodistas sin escrúpulos pongan en duda su honor y les acusen de supuestamente estar vinculados con supuestas tramas de supuesta corrupción. Si es que no hay derecho. Se trata de una canallada sin igual y de un intento injustificado de alterar el orden natural de las cosas. La corrupción es cosa de la izquiera no de la derecha, esto se sabe bien. La derecha hace lo que le corresponde por derecho propio: hacer negocio. ¿Qué hay de malo en ello? Mucha envidia por ahí suelta.

Mi propuesta para acabar con este sinsentido es que nombremos reyes y reinas a todos los dirigentes del PP. Así serán irresponsables ante la ley y podrán hacer todo lo que les plazca cada uno con su corona de diamantes y rubíes en lo alto de su cabeza. Sí, sí, esta minidemocratización de la monarquía la desluce un poco, pero todo sea por el bien de esta pobre gente, tan maltratada últimamente. Acabemos de una vez con esa proclama dañina de que la ley tiene que ser igual para todos. De eso nada.

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