Cada miércoles un cuento en El Estafador

lunes, 30 de noviembre de 2009

Marisol

Esta tarde me he enterado de que ha muerto Marisol. Aunque ya no trabajo, los lunes me paso por el barrio y me ponen al día.

Marisol no se llamaba Marisol. O mejor dicho: Marisol tenía dos nombres. Uno con el que la llamaban en el barrio y otro que usaba para el DNI, los papeles de la asistenta, los de la cárcel, de la que entraba y salía cada dos por tres... No sé las razones de esto ni cómo empezó el desdoblamiento. Lo que sí sé es que hay muchos niños que mienten sobre su nombre cuando los conoces por primera vez, como si quisieran proteger su verdadera identidad delante de un intruso. También hay muchos niños que prefieren el mote al nombre, como si quisieran forjarse una nueva identidad.

Los dos nombres de Marisol son muy significativos. Uno le servía para los vecinos, la familia, las amigas. Un nombre para los propios y cercanos. Otro para la Administración. Un nombre para lo extraño y hostil. En el caso de Marisol, como en el de tantas otras personas, las entidades públicas que deberían haber velado por sus derechos han sido más bien las entidades públicas responsables de su vida de exclusión.

No seré yo quien niegue la existencia del libre albedrío, la responsabilidad personal y todas esas cosas. Pero también existe una responsabilidad colectiva de cuidar unos de otros, de pelear por los derechos de los que están peor, de repartir justamente, de liquidar de una vez por todas un sistema profundamente injusto que necesita que existan poblaciones excluidas. Esa responsabilidad colectiva es pequeña. Microscópica tal vez. Marisol podría haber escapado de su destino y de la vida horrible que llevaba, dirá alguien. Era libre. Pero hay que tener en cuenta que la exclusión se hereda y que forma un círculo vicioso difícil de romper y en el que la libertad es una farsa: niña en entorno excluido, falta de estímulos positivos, absentismo-fracaso escolar, droga por todas partes, niña se hace adulta sin haber podido madurar en condiciones, la "adulta" tiene hijos y vuelta a empezar.

En fin. Me hubiera gustado enterarme antes para poder ir al entierro. Sé que la familia valora esos gestos. Por cierto, es posible que con Marisol se haya ido la última usuaria del Walkman (de cinta de casette). No creo que haya ido a ningún sitio (ni ella ni nadie) pero si me equivoco, espero que encuentre por fin ese trabajo de jardinera que tanto deseaba.

9 comentarios:

Carmen dijo...

Un post precioso.
Un abrazo
Carmen

Chelo dijo...

Lo lamento, muy bonitas tus palabras, un abrazo,
Chelo

Mª Antonia dijo...

Eres una buena persona y además sabes decir de una forma hermosa lo que muchos piensan o pensamos, o casi.
La última frase es tremenda y preciosa.
Por otro lado ,lo de tener dos nombres,uno para cada cosa no está nada mal.

Mª Antonia dijo...

Vuelvo porque me quedé enganchada a la historia de Marisol. Pensando ,pensando llegué a la conclusión de que quizá Marisol soñara con ser importante, famosa,grande ,como esas estrellas del cine y de la canción que tienen un nombre artístico diferente del suyo real. ¿No sería su manera de sentirse otra?

Owachy dijo...

Triste y hermoso tu post, Hermano.

Por cierto, el Walkman sigue vivo y coleando conmigo (con muchos casettes los que tengo, y no pienso tirarlos, como ya hice con un montón de vinilos; sólo conservo los de "culto").

elhombreamadecasa dijo...

Gracias por las palabras de halago. Respecto a lo que plantea MªAntonia en su segundo comentario... No lo sé, la verdad. Conocí a Marisol cuando ya estaba muy echa polvo y nunca tuve con ella una conversación en condiciones. Pero creo que sí, que en el uso de "otro" nombre se pone de manifiesto el deseo de ser otra persona.

Mª Antonia dijo...

¿Me permites una corrección? Hecha polvo,así,con h.
Perdona pero no lo puedo evitar; deformación profesional.
¿No me odiarás por esto?

elhombreamadecasa dijo...

Al contario, gracias por la corrección.

Lulu dijo...

Bonito post! se me habia pasado.