Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 3 de noviembre de 2009

Cosas de mi trabajo



Voy a echar muchas cosas de menos de mi trabajo. Algunas de ellas:

El otro día me vestí bien guapo para ir a trabajar. Camisa blanca (vale, de Tex, pero no se nota), pantalones azules (azul, azul) y mis zapatillas blancas de El Ganso (que causan sensación). Cuando M. me vio, me preguntó que de qué iba vestido. Tengo toda una serie de respuestas a esa pregunta y aún así opté por la peor de las posibles: ¿Tú qué crees? Pues yo creo, me dijo, que vas vestido de camarero de carnaval. (Está claro que no se debe responder una pregunta con otra.)

Estaba con MD. en el despacho. No teníamos nada que hacer y nos pusimos a ver cosas de "Física o química" por Internet. Esto lo hicimos porque le apetecía a ella pero podría dar varias justificaciones educativas: le motiva para leer y para escribir, maneja las nuevas tecnologías, permite al educador conocer sus gustos y motivaciones y blablabla. Intenté explicarle la diferencia entre actor y personaje pero no fui capaz. Cuando vio la foto de uno de los chicos me explicó que era "maricón" y luego aclaró: "maricón sexual", esta última palabra la pronunció en un impecable chiquitistaní.

C. nos contó una historia como todas las que él cuenta, tremendas. Dos chavales del barrio pasaron varios años con un "padre de acogida". Al parecer, ese hombre pertenecía a "una secta de rojos" que "hasta hacían un periódico y todo". Por suerte, la asistenta estaba al quite y le dijo que para poder quedarse con los chicos debía dejarse la secta de rojos. C. piensa que hizo bien porque los rojos son malísimos, que él leyó en la cárcel que quemaban iglesias y violaban monjas. (Esto daría para una profunda reflexión sobre las ideas políticas de la gente excluida y sobre cómo han asumido como propios todos los valores mayoritarios de la sociedad dominante.)

De vez en cuando jugamos al juego del refugio antiaéreo. Se le da al grupo un listado de personas y se les explica que están bombardeando la ciudad, no se sabe si en el refugio hay sitio para todos y que deben elegir el orden de entrada teniendo en cuenta que los últimos podrían quedarse fuera. La lista de personas se hace siempre con trampa para que después se pueda debatir con el grupo por qué han elegido a unos o a otras. Cuando lo hice con un grupo de chicas árabes salió lo siguiente (por orden de entrada): mujer embarazada, chica ciega, mujer enferma en sillas de ruedas, niño 3 años, anciana 78 años, imán, gitano de 40 años, homosexual español, drogadicto, ladrona.

De vez en cuando, nos paramos en mitad de la plaza y hablamos con alguno de los niños que cuando empezamos eran niños y ahora ya no lo son. Con J. hablaba de las enfermedades de familiares cercanos. Me explicó que es cosa de dios, que nos "ataca" a través de las personas que queremos para hacernos reaccionar y que dejemos de ser malas personas. Vaya, y yo sin saber que dios no era más que otro aburrido supervillano de tebeos. Menos mal que tengo identidad secreta (de chichinabo pero algo es algo).

(El dibujito de arriba era el logo del proyecto. Nos lo hizo y nos lo regaló, Paloma Navarro, una gran ilustradora murciana.)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡QUÉ PENA DAN LAS DESPEDIDAS¡ Y MÁS CUANDO LAS FUERZAN LOS PODEROSOS

Chelo dijo...

debía ser un trabajo muy reconfortante, qué te habrán hecho para que lo dejes...

Sarabi dijo...

No me extraña que lo vayas a echar de menos, ánimo!