Cada miércoles un cuento en El Estafador

lunes, 29 de diciembre de 2008

El mundo al revés

Hasta ayer, Darío sabía que cuando lanzaba algo o se le caía de las manos, iba a parar al suelo haciendo ruido. Pero ayer, el globo de helio con el que estaba jugando se le soltó y, en vez de caer hacia abajo con estrépito, cayó hacia arriba y, en silencio, se alejó hasta perderse de vista. Aquel inesperado prodigio lo dejó completamente pasmado y no paraba de contarle a quien quisiera oírle, con sus ojos como platos, su manita abierta hacia el cielo y su lenguaje balbuceante, que el globo, incomprensiblemente, se había caído hacia arriba.

No paró de decirlo hasta que su tita le compró otro globo de helio.

(El segundo globo tenía la forma de Papá Noel y el hilo iba sujeto a una pequeña prolongación situada en la entrepierna. Juan se dio cuenta de que Papá Noel tenía pene y así lo fue gritando durante todo el camino de vuelta a casa.)

3 comentarios:

owachy dijo...

Me encanta la anécdota de Dario... y cómo la cuentas (creo que las historias de tu hijos, y sobre todo tu forma de sorprenderte con las maravillas cotidianas junto a ellos, empiezan a ser el germen de algo más que un Blog...).

Lo de Juan es para que te lo mires bien, y yo apuntaría en la dirección de alguna pozoñosa teoría freudiana... ;)

Sometimes Inviting Eyes dijo...

Leerte estas anécdotas es como tener sobrinitos virtuales... ¡me encanta!.

fml dijo...

Hombre, la verdad es que el pinganillo del que se agarraba la cuerda tenía toda la forma de pene. Y si hablamos de Freud, tendría que decir que, creo, fue mi hermana la que le dijo a Juan que eso parecía un pene. Lo que nos llevaría a hablar de la falacia de la envidia de pene que es algo que se inventó el alemán para no hablar de la envidia de clítoris, que es de lo que se tendría que hablar.

Las titas virtuales están bien pero lo malo es que no se pueden quedar alguna tarde con los chiquillos para que sus padres puedan solazarse un poco.