Cada miércoles un cuento en El Estafador

jueves, 6 de noviembre de 2008

Mi momento Calvin & Hobbes


La hora más estresante del día, y mira que hay de esas, es de ocho a nueve de la mañana. Ponernos en marcha es difícil. Intento tomármelo con tiempo pero siempre acabo corriendo de un lado para otro como un loco. Juan nos ha salido dormilón (tiene varias herencias genéticas por parte de madre y padre que así se lo ordenan) y sacarlo de la cama es complicado. Hay que arrancarlo de las sábanas a empujones. Y a la que me descuido se lanza al sofá del salón y se vuelve a dormir. Al mismo tiempo que tengo que vestirlo, hacer que se tome el desayuno, lavarse los dientes, etcétera tengo que encargarme de Darío. Un follón, para qué dar más detalles.

La semana pasada tuve un momento que me recordó a una tira de Calvin & Hobbes. Iba a escanearla y ponerla aquí pero me da miedo que al forzar el tebeo en el escáner se me descuajeringue (hermosa palabra, pero me ha costado consultar varios diccionarios escribirla bien). Así que voy a describirla.

Primera viñeta: Calvin, brazos en jarra, grita: ¿DÓNDE ESTÁ MI CAZADORA?

Segunda viñeta: Calvin mira debajo de la cama con cara de pocos amigos y dice: ¡He mirado por todas partes! Debajo de la cama, en la silla...

Tercera viñeta: Calvin pierde los nervios, levanta los brazos y sigue: ...En las escaleras, en la cocina, en el salón... ¡No está en ningún lado!

Cuarta y última viñeta: Se ve el armario abierto y Calvin mira hacia atrás, como dirigiéndose a su madre, y con expresión de enfado grita: ¡Vaya, AQUÍ está! ¡¿¡Quién la puso en este estúpido armario!?!

Pues algo así pero con los zapatos de Juan. Los busqué por todas partes, tratándose de Juan podrían estar en el lugar más insospechado. Busqué debajo de todas las camas y sofás, detrás del váter, dentro de la bañera, en las macetas del patio, en las cajas de vinilo del estudio, encima de los armarios de la cocina, debajo del montón de juguetes desordenados de la habitación de Juan... y nada. Cuando empezaba a perder los nervios, se me ocurrió, en un momento de lucidez, buscar en el cajón de los zapatos y ahí estaban. Creo que la cita me vino a la cabeza de forma espontánea y grité: ¡¿¡Quién los puso en este estúpido cajón!?!

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