Cada miércoles un cuento en El Estafador

miércoles, 7 de abril de 2010

Trilogía de Albacete: Libro segundo


Desde hace ya un tiempo, Juan se empeña en distinguir entre realidad y ficción.  Hay momentos y tonos de voz en los que todo está permitido. Por ejemplo, en el cuento antes de dormir. Ahí da igual lo que le cuente. Está claro que es un cuento. Pero, a veces, le cuento cosas como si fueran verdad y se enfada muchísimo. Cuando le dije que de pequeño tenía unas botas con propulsores que me permitían andar dando grandes saltos, me dijo que era un mentiroso. Lleva contabilizadas mis mentiras y de vez en cuando me las recuerda: Me has mentido seis veces en tu vida. Es posible que las vaya olvidado. Pero hay una que nunca lo hará. La de las Fosas de Lázaro.

En Albacete se estila la parcela. Es una segunda vivienda a las afueras de la ciudad. Estábamos en la de mis suegros y Juan cavaba con un escavillo. Le dije que yo era invulnerable como Coloso (ver dibujo arriba) y quiso comprobarlo por el método empírico. Agarró el escavillo y ¡ZAS! me lo lanzó con todas sus fuerzas. Por suete, tuve tiempo de protegerme con el brazo izquierdo. Me hizo un moratón que me duró varios días. Según Mercedes, me lo merecía por las cosas que le cuento al niño.

Mientras me retorcía de dolor, le dije que me daba igual porque me podía ir a una Fosa de Lázaro, sumergirme y salir como nuevo, igual que hace Ra´s Al Ghul (ver dibujo abajo). Juan dice que las Fosas de Lázaro no existen y me lo recuerda de vez en cuando.


Mi hijo mayor hace el camino que yo, fatalmente, me empeño en deshacer poco a poco. Y es que cada vez me cuesta más distinguir qué es ficción y qué realidad.

4 comentarios:

Chelo dijo...

a mi a veces también cuesta distinguir entre realidad y ficción, a veces flipo tanto (sin aditivos, he?) que me parece que sueño cuando en realidad solo estoy leyendo el periódico...

Pilar dijo...

Yo creo que te estás arriesgando demasiado... reconocelo y sobre todo: ¡asumelo! que se sepa por el momento... ¡no tienes superpoderes! Los niños son niños y no saben que pueden hacerte mucho daño... o algo peor... vaya usted a saber... Aunque tanto insistir en mentirles... ¿algo de envidia quizás?... sería entendible pero muy feo...

elhombreamadecasa dijo...

Chelo, es que en las noticias es donde está el verdadero absurdo y el verdadero horror. Me acuerdo que hace años cometimos el error de ver un informativo con Juan. Nunca más.

Pilar, en la primera entrega de Niño catódico y Niño sónico se anunciaba que todo parecido con la realidad era simple coincidencia y que se usarían nombres falsos para proteger las identidades secretas de los personajes. Juan y Darío no saben nada sobre Catódico y Sónico. Me parecen muy interesantes los esfuezos de Juan por distinguir entre realidad y ficción. Y, en todo caso, no es mentir, es fantasear.

CELITA dijo...

Pues yo el domingo 4 también estuve de parcela y con niños, y todos tenían el poder catódico de no dejarnos beber dos tragos de cervecica seguidos (vale, soy un poco exagerada). Qué grande el universo parcelero. Y qué tarde he llegado a esta trilogía albaceteña.