Cada miércoles un cuento en El Estafador

domingo, 9 de enero de 2011

Los Reyes Magos y los Reyes Oscuros

Me fui a la cama con el corazón en un puño. Mi carta a los Reyes me había llegado devuelta y eso no me dejaba dormir. Una amiga me había dado un correo electrónico alternativa al que escribí pero, incluso así, no estaba nada convencido. A las seis y diez de la mañana me desperté y a las siete y cuarto me rendí y salí del dormitorio. Estaba claro que ya no me iba a volver a dormir.

Me quedé un rato delante de la puerta de la salita, cerrada a cal y canto. Detrás de ella estaban los regalos y un brillo prometedor se colaba por las rendijas. Podría abrir y ver si estaba lo que había pedido pero ya se sabe que si uno entra sin esperar a los demás, sus regalos desaparecen. No me quedaba más remedio que esperar a que se despertaran el resto de habitantes de la casa.

Fui a la cocina y preparé café. Me lo tomé poco a poco mientras leía el capítulo dedicado a Robert Johnson del libro "Blues - La música del Delta del Mississippi". Johnson fue el que vendió su alma al diablo a cambio de tocar la guitarra magistralmente. El proceso es fácil. Uno busca un cruce de caminos y se va allí de noche y con la guitarra. Entonces espera a que llegue un tipo grandón, de voz profunda y bien vestido y le presta la guitarra para que se la afine y cante con ella una canción. A partir de ahí, tu alma le pertenece pero las seis cuerdas estarán a tu merced. Ahora algo así es imposible. Malditas redondas.



A las nueve y media ya no pude más. De sobra sé que las cosas funcionan así pero mira que da rabia que se pasaran todas las vacaciones levantándose a las ocho y el día de Reyes no se despertaran de ninguna manera. Tal vez el hecho de que no se durmieran hasta las tantas, presos de los nervios, fuera la causa. El caso es que ya no podía esperar más, así que desperté a Mercedes, desperté a los hijos y nos lanzamos todos como locos a la salita.

En cuanto vi la caja rectangular de las dimesiones adecuadas empecé a respirar con cierta tranquilidad. Después quité el papel y, sí, allí estaba, mi caja de los clicks del Oeste, edición 30 aniversario. Lo de la carta devuelta habría sido un error o una broma pesada. Madre mía, mientras lo montaba todo, tuve que contener las lágrimas una y mil veces porque era como volver a sentirme en la infancia. Las sillas de montar, las vallas, la estrella pintada del sheriff, la diligencia que nunca tuve...



Lo he colocado todo en un sitio destacado del estudio. Juan dice que no lo entiende, que los juguetes no son para usarlos como si fueran un cuadro sino para jugar con ellos. Hemos llegado a una solución de consenso: le dejo que juegue con ellos a condición de que luego los deje tal cual estaban, como un cuadro en un museo.

Y lo de los Reyes Oscuros no lo voy a contar. Total era una historia muy fea sobre manguitos de precio desorbitado a pesar del diminutivo y de correas de distribución que distribuyen los euros desde nuestros bolsillos a los bolsillos de los mecánicos.

4 comentarios:

Laube dijo...

Bravo!!!!!!Menos mal... me tenías muy preocupada pensando que los Reyes Magos no te iban a traer esa caja de playmobil... Bufffffff, qué peso me has quitado de encima.
Un besoteeeeeee

Lucía dijo...

El acuerdo fue magnifico...
y me quedé con ganas de saber de manera desarrollada sobre aquella historia oscura , que parecía bastante cómica.

Besitos.

Pilar dijo...

¡Enhorabuena! Me alegro por tí que tus relaciones con las monarquías orientales hayan llegado a buen puerto... la negocación con los peques a mí llega un momento que e resulta agoitadora... aunque a la profa de mi hijo mayor le parece un gesto de inteligencia del niño... ¡y yo llamándole tontaco a la primera de cambio!
Y por cierto esos Reyes Oscuros que trabajan para los mecánicos, hacen horas extras para los dentistas... son como una mafia...

elhombreamadecasa dijo...

Laube, imagínate la noche que pasé pero todo acabo bien. Qué digo bien, acabó fenomenal porque cayeron más regalitos.

Lucía, la otra historia no tenía nada de especial. Un coche que se rompe y un pastizal que se paga.

Pilar, yo siempre digo que nmis ahorros son para el mecánico y el dentista. Negociar con los hijos es de esas cosas guays de pensar y de decir pero no de hacer.