Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 22 de julio de 2008

En 2º de BUP nos hicieron leer el Quijote. La primera parte entera y capítulos sueltos de la segunda. Ese verano, de mi orden, me acabé de leer la segunda parte. Será porque la edición era bastante mala (los miopes odiamos la letra pequeña) o porque la edad no era la apropiada pero... pero... venga, valor, tú puedes, que ya casi lo has escrito... pero no me gustó. No me gustó el Quijote, qué le voy a hacer. Cualquier día de estos volveré a leerlo a ver qué tal. Tampoco he terminado de leer el "Ulises" de Joyce ni "El ruido y la furia" de Faulkner. Ahora, que Faulkner me encanta, y no solo por "Amanece que no es poco", sino por "Mientras agonizo" o "Luz de agosto". En todo caso, en la obra más famosa de la literatura española hay una advertencia que no habría que pasar por alto: leer mucho acaba licuando el cerebro.




El otro día quise hacer cuentas y me imagine que habría leído en mi vida algo así como un millón de páginas. Una cifra absurda por indemostrable y por variable. Tendría que haber hecho el cálculo en palabras o caracteres pero me dio pereza. He leído mucho pero bastante menos de lo que me hubiera gustado. Hace tiempo que rehuyo entrar en las librerías porque acabo bordeando el ataque de ansiedad de ver tantos libros que me quiero comprar y leer y no puedo por falta de dinero para una cosa y tiempo para la otra. A veces pienso que no necesitaría nada más en la vida. Leer es un placer insuperable. Pero el mundo este nuestro es un asco y no hay placer inocuo.

Desde mi punto de vista, la lectura conduce al inconformismo. Lees "Los girasoles ciegos" y no puedes evitar mirar con recelo a los herederos de los vencedores y piensas: todavía no se ha hecho justicia. Lees "Noches blancas" y recuerdas los amores perdidos y sientes una añoranza inacabable que borra cualquier atisbo de felicidad presente. Lees "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" (a.k.a. "Blade runner") y te dan ganas de revelarte contra un futuro plástico y asfixiante. Lees "Moby Dick" y una fuerza oscura te impele a dejarlo todo y hacerte a la mar con un arpón en una mano y un kilo de biodraminas en la otra (es que me mareo).




Uno lee y se vuelve inconformista. Porque se conocen verdades ocultas, se atisban mundos mejores, se revoluciona la cabeza que para eso está llena de circunvoluciones. Supongo que esa es la razón por la que los temorosos del cambio mandaban quemar los libros. Por cierto que antes se quemaban en hogueras, hoy basta con ignorarlos enterrándolos entre montones de libros mediáticos y demás basura. Supongo que por eso también los quemaba Carvalho, el alter ego de Vázquez Montalbán, porque el inconformismo suele acabar en una melancolía inevitable. Uno se rebela contra lo que tiene y lo que es, aspiras a ser mejor, a cambiar tu mundo y el de los demás... pero pasan los años, te cansas de ser vapuleado por los molinos de viento, gigantes o lo que sean y de perseguir a una Dulcinea inexistente. Nada cambia y si cambia es poco y ese poco es tan insuficiente que podría ser declarado despreciable y como nada cambia, se despierta en tu interior una gran aversión por los sueños que antes tuvistes y maldices el día en que pensaste hacer la revolución o ser un escritor famoso y etcétera.

Yo he sentido toda mi vida la extraña sensación de estar fuera de lugar y de tiempo. Una sensación que caminaba a la par que mis compulsivas lecturas. Y no he sido consciente de ello, del mal que me hacía leer, hasta hace un par de semanas.

No hace mucho, conversaba con un amigo músico. Nos quejábamos amargamente de lo difícil que es llegar a algo en esto de la creación y el arte. Ambos estábamos conformes en que casi lo peor era el run run continuo en la cabeza de miles de proyectos e ideas agolpándose en la imaginación sabiendo que no llegarían a nada y si llegaban no pasarían de ser un simple archivo en el disco duro de nuestro ordenador. Una amiga, me dijo el músico, se toma unas pastillas de homeoterapia que le van de maravilla, dice que desde que las toma casi no se le ocurren ideas y está de lo más relajada. Me tienes que decir cómo se llama esa medicina, concluí.


No he llegado a tomarme las pastillas pero casi por esa época dejé de leer. No fue una decisión voluntaria, aquello cayó por su propio peso. Por las noches, derrengado al fin de una jornada infinita, me dejaba caer en el sofá y veía cualquier cosa por la tele. No diré que fui feliz pero fui consiguiendo el deseo que tanto anhelaba: mi cabeza cada vez hacía menos ruido. Apenas se me ocurrían ideas para cuentos o novelas y las que aparecían por mi cabeza era tan flojas que cambiando un par de veces de canal se desvanecían.

Ah, pero lector una vez lector toda la vida. Me llamo Federico Montalbán López y soy lector. Estuve cuatro meses y siete días sin leer pero he recaído. De eso hace dos semanas y ya habré leído ocho o nueve libros. Le robo tiempo al sueño y a mis hijos, tengo la casa hecha unos zorros, han regresado los insomnios, mi cabeza ha vuelto a ser invadida por ideas peregrinas que nunca llegarán a concretarse, el vacío en mi interior vuelve a crecer... pero no puedo evitarlo. Ayer me terminé "Firmin", hoy los "Girasoles ciegos" y mañana iré a la biblioteca de mi pueblo a sacar "El juguete rabioso" de Arlt y algo de Asimov.

Los libros deberían llevar un gran cartel que ocupara el 33% de la portada diciendo: la lectura te llevará al inconformismo, el inconformismo a los sueños y los sueños a la melancolía, joven padouan.

En todo caso, y ya para finalizar, no puedo dejar de decir que mi actitud es bastante patética. Soy como cualquiera de esos adultos estúpidos que, mientras absorben con evidente placer el humo de su cigarrillo, le hablan a Juan de los males del tabaco. No tengo credibilidad alguna.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja, me siento identificado con tu problema. Yo no pude con "El Quijote" ni con "Ulises" ni con "La montaña mágica" pero adoro las novelas, no puedo vivir sin leer, y aunque me encanta Internet y la posibilidad de leer blogs, aprender cosas, curiosear, a veces, también lo odio porque me engancha como la tele y me impide continuar con mis libros. Lo peor que me podría pasar aparte de tener una enfermedad mental sería la ceguera en mi ociosa jubilación que yo imagino pasar leyendo y viajando, he leido ¿cientos? de libros pero nunca es bastante, ¿comprar? Cuando empecé a trabajar, compré y compré compulsivamente, casi siempre de bolsillo porque son más pequeños y así caben más, ahora trato de refrenarme, eso sí, todo lo que compro, lo leo o al menos lo intento varias veces, ahora pido prestado, regalo (¿Por qué a mis amigos/familiares les ha costado años aún conociéndome de que el mejor regalo que me pueden hacer es un libro?La gente compra libros en Navidad para no marearse y se extrañan cuando yo los pido con ilusión) o sigo comprando, pero echo de menos la biblioteca cuando ir a ella para estudiar era algo cuanto menos imposible pues era inevitable que acabara curioseando entre las estanterías. Sin los libros, no seríamos como somos, sin ellos, yo no podría vivir un poquito diferente. No hay nada que los iguale, ni una canción ni una película, ni un espectáculo, ni siquiera el sexo, el acercamiento a una novela es algo tan íntimo, tan personal que cada uno lo vive de un modo diferente. Y te llena, como nada te puede llenar. Y te amplia las miras como nada te las puede ampliar. Sueños, esperanzas, sabiduría, melancolía, miedo, amor, tristeza...quién no ha llorado junto a un libro o ha estado obsesionado con su trama durante días hasta llegar al final no me entendería, pero creo que tú sí. Y encima tú tienes más suerte, eres escritor, yo nunca me he atrevido a pesar de ser un sueño para mí. Me aterra demasiado. Bueno, nada más, muchas gracias por tu entrada. Y adelante.
PD: Me ha hecho mucha gracia lo del 33%.

calvina dijo...

Prefiero el inconformismo, los sueños, las ideas...Me paso las 7h de mi jornada laboral en las nubes. Mi último remedio contra la frustración es correr, sí, un rollo...hasta q se convierte en una obsesión y no puedes parar.

Q tal Firmin? Stoy en ello pero ultimamente me cuesta mucho encotrar tiempo para leer.

Le he recomendado tu blog a un amigo amo de casa, también. X lo menos hoy tienes un lector más.

Anónimo dijo...

Calvina me has picado la curiosidad y ahora quiero leer "Firmin" que lo acabo de buscar en google y tiene muy buena pinta, gracias, bueno, y también al amo de casa, claro.

federico montalban lopez dijo...

Lo de quedarme ciego también es uno de mis temores. A mi abuelo Fernando le encantaba leer hasta que una trombosis le hizo perder mucha vista y ya no pudo hacerlo más.

Gracias por las recomendaciones.

A mi Firmin me encantó. Reconozco que al principio me costó pero luego le cogí el gusto. A veces me recordaba a Roth y otras veces a Allen. Un libro encantador.