Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 13 de mayo de 2008

De concierto, one more time


Hace algunas semanas (sí, he estado mucho tiempo ausente del blog pero es que a veces me desanimó y, como los niños pequeños, digo: pues, hala, ya no escribo más... vaya, me ha quedado un entreparéntesis demasiado largo, debería haberlo hecho más corto) fui a un concierto de Lori Meyers. Esta vez no fui solo sino con un amigo. De la experiencia sacamos varias conclusiones:

1ª El camino a las salas de conciertos ubicadas en polígonos suele estar bien señalizado hasta que deja de estarlo. Siempre hay un momento en que las señales dejan de aparecer y entonces estás perdido, literalmente.

2º Creo que me moriré sin poder tocar la batería. Cuando intento comer con Darío en brazos fracaso estrepitósamente. Si lo meneo con la pierna no consigo usar la cuchara para coger la comida. O hago un movimiento o hago otro.

3º Hay que salir más.

4º Es una putada poner un concierto entresemana, al menos para el 0,1% del público: el que tiene que madrugar al día siguiente.

5º Queremos que nuestros hijos de mayor sean bateristas de un grupo, o guitarristas. Así serán felices en su trabajo y podrán volverse locos encima de un escenario.

6º Lori Meyers molan.

7º Los conciertos sin baladas son los mejores. Tolerancia cero a los mecheros al viento.

8º Digan lo que digan no hay otra forma de bailar que no sean haciendo que se toca la guitarra o la batería.

9º Es difícil decir tanto con sólo un par de versos: "¿por qué todo es tan difícil / con lo fácil que es?" De la canción Copa para dos.

10º A mi amigo y a mí nos falla la comunicación. En la barra había uno que él conocía de un antiguo trabajo. Me lo dijo con un tono que me pareció de cierta repugnancia y entendí que no quería que lo viera. Así que le pedí las copas al otro camarero. Luego resultó que lo que en realidad quería era pedírselas al viejo conocido para que nos invitara. Mi estupidez nos costó diez euros.

10º Y ya.



Cantaron una de mis canciones favoritas y tuve un momento agridulce. Resulta que tenía un proyecto para un libro ilustrado muy bonico que se ha ido al traste por culpa del cochino mundo editorial. Es terrible ilusionarse porque luego, habitualmente, vienen los desengaños y éste está siendo muy doloroso. En el libro iba un cuento basado en esa canción. Lo pongo a continuación, por si hay alguien ahí.



El idiota

B.S.O.: Lori Meyers
Canción: Tokio ya no nos quiere
Álbum: Viaje de estudios


Los sueños de Laura parecían ir con subtítulos. En mitad de la noche o justo antes del amanecer, se revolvía en la cama y decía algunas palabras aparentemente sin sentido. Eran, en realidad, mensajes encriptados. Todas las cosas que no me decía durante el día, me las decía por la noche, en mitad de los sueños. Me costó varios años descifrar los secretos de aquel lenguaje somnoliento y, tanto esfuerzo, sólo me sirvió para sospechar lo que tanto temía: Laura no me amaba.

Desde el principio de nuestra relación algo no fue bien. O, al menos, no lo bien que yo hubiera deseado. Algún tipo de vacío se instaló entre los dos y la pasión primeriza se consumió en apenas unas semanas. En cierta ocasión, Laura dijo bromeando que ya tenía una edad, que temía quedarse para vestir santos y que viendo que yo era lo mejor que había encontrado, decidió salir conmigo. En su momento me reí pero luego, aquel chiste, re-sonaba en mi interior como un mantra maldito.

Si tuviera que echarle a alguien la culpa de mi creencia insensata en el amor romántico sería a Dostoyevski. Leí demasiadas novelas del ruso en mi adolescencia. Tantas Natachas y tantas Katias me habían lavado el cerebro y la idea de un amor apasionado e irrefrenable arraigo en mi. En qué mal momento. Por eso siempre he deseado que Laura me amara con ese amor loco del XIX, ese amor que te animaba a lanzarte por un barranco igual que te condenaba a la peor de las tristezas cuando no era correspondido. De no haber sido así, si no hubiera leído tanto, habría aceptado mi relación con Laura como una relación habitual de pareja: con al amor justo, con sexo escaso, con todos los problemas cotidianos y con ración XL de aburrimiento. Si no me hubiera empeñado en que nos amaramos con desesperación, ahora seríamos vulgarmente felices.


A Laura le gustaba dormir hasta que salía el sol y yo no podía seguir con eso. Ni un día más. Noche tras noche, los subtítulos de sus sueños me dejaban claro me le daba igual, que no me amaba como yo a ella. Claro que… quizás… estaba equivocado. Podría ser que hubiera entendido mal las señales. En todo caso, debía acabar con esa incertidumbre. Cara a cara no había forma de avanzar. Laura entorpecía las conversaciones desviando mi atención, negando los problemas, cabreándome con sus trucos de siempre. Sólo me quedaba confiar en la sinceridad del sueño.

Una noche, mientras dormía, le dije al oído que me marchaba y que si no le daba igual, si me quería, aunque fuera un poco, se marchara conmigo. También le dije la dirección en la que la esperaría. Recogí mis cosas y salí de casa sin hacer ruido. Por fin sabría la verdad acerca de nuestro amor.

* * *

A ver, dejadme que mire el calendario… Sí, de eso hace exactamente cincuenta y tres días. No he vuelto a saber nada de Laura en todo este tiempo. Mis miedos se han hecho realidad. Al menos se acabaron las dudas y ha llegado la certidumbre del desamor.

5 comentarios:

calvina dijo...

Pues yo he echado de menos tus historias, especialmente en los momentos de máximo aburrimiento en el trabajo, y últimamente han habido muchos.
No t desanimes.

federico montalban lopez dijo...

Gracias por los ánimos. Lo que pasa que el día a día acaba convertido en una batalla sin cuartel. Son tantos los frentes abiertos... y el único que siempre creo que puedo cerrar es el de la literatura. Pero, qué va, no puedo.

Por cierto, me encanta consolar los momentos de aburrimiento en el trabajo. Son terribles.

Federico dijo...

Pues vaya MIERDA de editores !!!!!


Stico1949

Federico dijo...

Pues vaya MIERDA de editores !!!!!


Stico1949

federico montalban lopez dijo...

Digo yo que editores habrá de todo. De momento no conzco a muchos para tener un criterio hecho. Y en concreto del que lo iba a ser de los cuentos POP guardo buen recuerdo. La cosa no salió pero él apostó por los cuentos hasta que, al parecer, el negocio (en general) se complicó. Porque lo que sí es una mierda es el mercado literario. Algún día dedicaré un post a este asunto.