Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 30 de junio de 2009

mSFU&R I: La lavadora


Preparándome para la (inesperada) vida adulta
o
Separando las prendas blancas de las de color

lunes, 29 de junio de 2009

Tele nueva

Estaba equivocado, una vez más, one more time. No es que la tele fuera mala, es que mi tele era mala. Más allá de las 17 pulgadas, la pantalla ultracurva y el sonido mono-cascajo había cosas que ver.

El sábado por la tarde nos compramos una tele LCD (qué cosas, iba a escribir LSD) de 32 pulgadas, TDT y no sé cuantísimos avances más.

Al día siguiente, tuvimos en casa las primeras peleas familiares para decidir qué se veía en la tele, algo desconocido hasta el momento. Resulta que Mercedes se ha aficionado a "Perdidos en la tribu" (nunca conoces del todo a la gente que quieres) y yo quería ver Superman Returns, la peli de la uno. Una peli a la que, todo sea dicho, le daría una nota, en una escala del 1 al 10, de -500. Es verdad que Superman es un personaje muy difícil con el que trabajar, imposible ajustar sus superpoderes superexagerados a una historia mínimamente coherente, pero lo de la peli de anoche fue un rollazo de tomo y lomo.

La tele nueva ha tenido un efecto positivo inesperado. Juan y yo hemos descubierto el pastel: la Play no estaba rota. Mercedes nos había hecho creer que sí para que no pudiéramos jugar. Pero la hemos desenmascarado. La pena es que los discos están tan tan tan rayados que no va ningún juego.

sábado, 27 de junio de 2009

El día en que fui padre de Hellboy

Hasta este sábado, Juan se daba los golpes en el lado derecho de la frente. Hace meses se dio uno tremendo y se le ha quedado un chichón (cucón en el idioma manchego-infantil) que si bien no es permanente sí le dura desde entonces. Según la pediatra se reabsorberá muy poco a poco, a no ser que antes se dé un golpe aún más fuerte y se le abra.

De mayor quiere dedicarse a la escalada profesional de edificios. Entrena a diario encaramándose a todo lo que pilla. El sábado se subió a la mesa del patio y saltó desde lo alto. Cayó bien pero con mucha fuerza. Puso las manos pero no fue suficiente y se dio un golpe de órdago en en lado izquierdo de la frente. El resultado es que ahora tengo por hijo a Hellboy:

Y como los padres debemos ser maestros del equilibrio, diré que gracias al patrón de salida de dientes de Darío (los incisivos y los molares pero no los colmillos) él se parece a Bill Rayos Beta:

¡¿Quién me ha robado mis discos de Michael?!


Imposible sustraerse del mundo real (¿se escribe "sustraerse de" o " sustraerse a"?). Así que me iba a poner un disco de Michael para escribir el post siguiente, no este que ha surgido de repente, ¡y no los he encontrado! Tenía el Bad y un recopilatorio, Black & White, creo, pero no aparecen por ninguna parte. Maldita sea. Alguien me los ha quitado. No descansaré hasta dar con la persona responsable de tamaña fechoría.



Más en:

http://www.youtube.com/watch?v=3x2PzwzBteI

(atención al minuto 7:02)

y en

http://www.youtube.com/watch?v=H_Oom2eGNQM

(La muerte de Michael Jackson me recuerda a la de Lady Di. Aguanté hasta las doce para hacerle el bibe a Darío y cuando calentaba la leche, una periodista de RNE informaba del ingreso del rey del pop en un hospital. Muchos años antes, mi madre y mis hermanas se habían ido a la playa y Mercedes y yo aprovechamos para quedarnos en su casa para estudiar. La mañana del domingo sonó la radio, la SER esta vez, para despertarnos y lo hicimos con la noticia de la muerte de la princesa. La muerte de Lady Di me recuerda a la de Manuel Vázquez Montalbán porque escribió un artículo en Le Monde Diplomatique sobre los mitos pop y hablaba de ella. La muerte de MVM solo me recuerda a la muerte de MVM.)


miércoles, 24 de junio de 2009

Perspirex o la eficacia de los métodos cruentos

Hace unas semanas, dediqué un post a cosas que no servían y, paradojas de la vida, descubrí una que sí funciona. Me lo recomendó Irimia en un comentario: Perspirex, un producto de parafarmacia que reduce la sudoración de las axilas.

Reconozco que estaba algo reticente pero cada vez que salía el tema, alguien decía que conocía a alguien que lo usaba y que le iba muy bien. Todo eran testimonios indirectos, lo que no acababa de convencerme.

Pero, claro, mis axilas acortan la vida útil de mis prendas de verano a una temporada, dos si no hago mucho caso al tejido endurecido y las plancho con máscara antigas. Así que, harto de lavar a mano, y deprisa y corriendo, mis prendas delicadas, me decidí a probar el esperanzador producto.

La cosa va con prospecto y te da toda una serie de instrucciones a seguir para su uso. Se empieza con un tratamiento de choque poniéndolo tres noches seguidas. Luego se aplica dos o tres veces por semana. Advierte que no hay que usarlo si hay heridas en la piel. Por desgracia, no pedí prestada una lámpara de luz ultravioleta para comprobar el estado de mis axilas. El caso es que me las lavé a conciencia, las sequé con aire frío y apliqué el producto. Y ya nada volvió a ser igual.

Desde entonces no sudo tanto, es cierto. Pero después de esas tres noches de insomnio y picores sin igual (que aguanté como un jabato), se me ha agriado el caracter definitivamente. El producto es efectivo pero por medio de la abrasión. Claro que dejas de sudar pero porque tus glándulas sudoríparas han sido carbonizadas. Por suerte, creo que también elimina las terminaciones nerviosas y las dos últimas veces que me lo he puesto no me ha escocido excesivamente.

Ahora voy por la calle con la camisa empapada entera menos en la zona axilar. Algo es algo.

martes, 23 de junio de 2009

Profecía autocumplida

Según la profecía autocumplida, si a una persona se le repite continuamente que es guapa, se lo terminará creyendo, por fea que sea. De la misma manera, si a alguien se le dice que es tonto, suspenderá hasta el recreo y si se le dice que está loca, acabará como la jaca de los títeres.

El lunes, un par de madres-amigas del cole me dijeron que me veían muy alicaído (mola esta palabra). Ayer, en la fiesta fin de curso, insistieron. La verdad es que tienes mala cara, apuntilló Mercedes.

Yo me notaba algo más cansado de lo habitual, nada más. Pero ahora vago por las calles taciturno y miro al horizonte con la mirada perdida dando grandes suspiros.