Cada miércoles un cuento en El Estafador

martes, 8 de febrero de 2011

Las increíbles aventuras de Niño catódico y Niño sónico. Hoy: Un nuevo aliado

-Venga, chicos, apagad eso, que nos vamos -dijo Mercedes.

-¡¡¡Noooo!!! Estaba a punto de pasarme la pantalla -se quejó Juan.

-¡¡¡Jooooo!!! Yo quiero ver vídeos de Pippi en Youtube -se quejó Darío.

-¡Eh! Que... -Fede, derrengado en el sofá, no supo qué decir, llevaba en paro desde comienzos de año y la molicie se había apoderado de él.

Mercedes cambió el tono:

-He-di-cho-que-nos-va-mos.

-Sí, mamá -dijeron los niños.

-Ya vooy -murmuró Fede.

-¿Nos ponemos los uniformes nuevos, mami? -preguntó Darío.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! -apoyó Juan.

-No, solo vamos a dar un paseo.

Al rato de ir paseando, Fede se acercó a Mercedes y le dijo en voz baja que había notado un tono raro en eso de "solo vamos a dar un paseo".

-¿Qué tramas?

-Nada.

-Ya y por eso nos has traído al lugar en el que nos enfrentamos la última vez a Peluche Diabólico.

-Vaya, te has dado cuenta. Cada día que pasa te ganas más el puesto de subjefe.

-Mamá -dijo Juan-, por aquí vive Peluche Diabólico.

-Sí, hijo.

-¿Vamos a pelear con él?

-No, hijo.

Entonces la luz del sol desapareció y una sombra cubrió a los cuatro paseantes. Un gigantesco oso se alzaba sobre ellos.

-¿No vais a pelear conmigo? Pues es una pena porque yo sí voy a pelear con vosotros.

-¡Mierda! -gritó Fede-, es ese puto oso.

-¡Mamá! -dijo Darío-, papá ha dicho  "mierda".

-Y "puto" -añadió Juan.

-Vuestro padre es un malhablado, no hagáis como él. Fede, ¿podrías mantener la calma solo por un minuto? Deja de corretear de un lado a otro.

-¿Pruebo lo de los rayos láser, mami?

-No, no, déjame a mí que le maree con las interferencias catódicas.

-Mujer, esta vez tus hijos no podrán salvarte. Ni ese marido calvo que tienes. Te has metido en la boca del lobo tú solita. O, mejor dicho: en la boca del oso. ¡¡Ja, ja, ja!!

-Las risas malvadas le salen muy mal -dijo Darío.

-Y que lo digas -dijo Juan.

-Me saldrán mal pero os voy a comer.

-No harás nada -le djo Mercedes a Peluche Diabólico.

-Aparta mujer, voy a devorar a tus hijos.

-He venido a hacerte una oferta -siguió Mercedes-. Quiero que te unas a nosotros.

-¡¿Qué?! ¡¿Te has vuelto loca?!

-Fede, cállate.

-¿Peluche va a ser nuestra mascota? -preguntó Juan.

-Guay -se alegró Darío.

El oso había estado unos segundos en silencio, calibrando las palabras de la mujer. Una parte quería creer en la sinceridad de la oferta. Pero la otra estaba convencida de que era una trampa.

-No me engañarás, mujer -dijo finalmente-. No me dejaré traicionar de nuevo por unos sucios humanos. Y basta de cháchara.

Peluche Diabólico dejó de hablar y se abalanzó sobre los niños.

-¡Niño sónico, rayos de luz sólida, Niño catódico, imágenes de niebla! - gritó Fede.

-¡La jefa soy yo! -recordó Mercedes-. Niños nada de eso. Juan dile algo bonito al oso.

-Pero, mamá...

-¡Hazlo!

-Vale, vale- Peluche Diabólico... me.... me gustan mucho tus mofletes.

Al oir eso, Peluche Diabólico se quedó paralizado en mitad del salto.

-¿Pero qué haces? -susurró Fede-. Así fue como le vencimos la última vez. Habrá aprendido la lección. No funcionará.

-Creo que lo sobreestimas. Es un peluche y los peluches están hechos para recibir amor. He pensado mucho en ello. Además, no quiero vencerle. Funcionará. Darío -gritó Mercedes-, te toca.

-Peluche diabólico... me... me gustan mucho tus mofletes.

-Dile otra cosa.

-Pero es que Juan le ha dicho eso.

-¡Darío me ha copiado!

-Dile otra cosa antes de que se enfade de nuevo, cariño.

-Peluche Diabólico eres... eres... eres un cariño.

-¿Un cariño?

Peluche Diabólico hizo "plop" y con un ligero estallido se redujo de tamaño.

-¿Qué es esto? ¿Qué me está pasando?

-Juan, te toca.

-Peluche Diabólico eres el peluche más molón que conozco.

-Ahora yo, ahora yo -dijo Darío-. Peluche Diabólico eres el peluche más molón que conozco.

-¡Mamaaá! Darío ha dicho lo mismo que yo.

-No importa, seguid diciendo cosas. Y tú, Fede, sigue así, callado y quieto, no lo vayas a estropear.

Después de una buena sesión de piropos y alabanzas, Peluche Diabólico se había reducido de altura, las garras habían desaparecido, los colmillos eran dos agradables trozos de algodón y los ojos ya no estaban inyectados en sangre.

-Y ahora el toque final -dijo Mercedes-. Darío, Juan, acercaos a Peluche Diabólico y dadle un achuchón.

Los niños obedecieron y la bestia acabó su transformación. Volvía a ser un agradable y cariñoso peluche de treinta centímetros de alto y tacto algodonoso.

-Venga -dijo Mercedes-, vamos a casa.

-Yo lo llevo -dijo Juan.

-No, yo -dijo Darío.

-Un ratito cada uno -dijo Peluche Diabólico con voz pitufada.

-Buena idea -confirmó Mercedes- un rato cada uno.

Fede volvió a hablar con Mercedes en voz baja.

-¿Esto es lo que tramabas?

-Creo que no sabes por dónde van los tiros.

-Claro que lo sé.

-No, no lo sabes.

-Pues dímelo.

-Si vamos a ser un grupo proactivo, necesitamos fuerza bruta y eso es lo que nos proporcionará Peluche Diabólico.

-Me das miedo -dijo Fede.


* * *

Antes de llegar a casa, descubrieron a un grupo de operarios rodeando de vallas el parque en el que siempre jugaban Juan y Darío.

-¿Qué hacen esos hombres, mamá?

-No lo sé -dijo Mercedes-. Pero lo averiguaremos.

2 comentarios:

Pilar dijo...

¡Muy bueno ese giro!
Como malote el oso ya no daba más de sí y menos después de que los de Toy Story 3 te plagiaran la idea del oso cabreado...
Ahora Mercedes y los niños, bueno... y Fede... son como el equipo A de los superhéroes...
¡Venga esa horda de malvados que tienes ya preparada!
¡Más madera!

elhombreamadecasa dijo...

¿Tú también te diste cuenta? Me pasé toda la película enfadado con los de Pixar.