Cada miércoles un cuento en El Estafador

jueves, 19 de julio de 2012

19 de julio

Hoy es 19 de julio. Se cumplen años, 76, del día que estalló la revolución española. Estallar, a veces, es un verbo hermoso. La revolución fue derrotada pero se llevó a cabo y eso es lo que cuenta, el ejemplo, la evidencia de que es posible.


La historia la hacen los vencidos aunque la escriban los vencedores. Y, claro, la escriben según su conveniencia. Y su conveniencia es elegir el discurso perdedor más útil para la Dominación. En este caso es el discurso del Ejército Popular, del PCE, del PSOE y de su derrota final. Las alternativas vitales que se dejaron para el imaginario popular no son más que versiones descafeinadas (y no tanto) del Capital, más de lo mismo. Se habla de Guerra Civil pero no de Revolución. Hay que rebuscar y rebuscar, o saber idiomas no peninsulares, para conocer todo lo que sucedió en este país entre el 36 y el 39. Fue el pueblo (en armas) el que detuvo a los fascistas y el que inició la Revolución. La anarquía fue real en España a partir del 19 de julio de 1936. No hay otro caso en el mundo entero similar al español. Si acaso la Ucrania del movimiento Machnovista. Me resulta incómodo hacer esta aclaración pero, por si acaso, por anarquía no me refiero a desorden, caos, y blablabla. Me refiero a milicias populares, a comunas, a igualdad, a libertad, a todas esas hermosas palabras que existen más allá del diccionario. (Sobre este asunto, se puede leer, por ejemplo: "El corto verano de la anarquía" de Hans Magnus Enzensberger o, publicado hace poco, "Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros" de Miquel Izard.)






Pero esa parte de nuestra historia había que enterrarla. Era un mal ejemplo. El Espectáculo tiene mucho ojo a la hora de decidir qué muestra y qué no. Los mineros, sin ir más lejos. La marcha negra apareció a diario en los medios. ¿Cuántos han hablado de los incidentes de anoche en San Román de Benbibre? Bueno, si el ejemplo de la marcha cunde, se puede soportar. Si las barricadas, los neumáticos en llamas y los voladores cunden, se pondría en verdadero peligro el orden actual de cosas.


También se enterró en cal viva la lucha de la autonomía obrera entre 1969 y 1975. Franco se murió en la cama, repetimos todos como una verdad indiscutible. Y sí, Franco murió en la cama pero es errónea la derivada de esta afirmación. No murió en paz ni en un país en calma. Decenas de obreros fueron asesinados por la policía, las manifestaciones se sucedían con el apoyo de huelgas indefinidas. De vergüenza deberían morirse los sindicatos de esta España democrática. El Estado llegó a estar contra las cuerdas. Franco murió en la cama pero con miedo. En este sentido, es muy recomendable un artículo de Miguel Amorós titulado "Génesis y auge de la autonomía obrera en España" (dentro de un libro publicado por Editorial Brulot y titulado "Desde abajo y desde afuera".)




La Guerra Civil se perdió. Franco murió en la cama. Nuestro pasado nos habla de un pueblo perdedor y sumiso. Ese es el espejo histórico en el que quieren que nos miremos. Pero hay otros ejemplos: Asturias en el 34, el 19 de julio, la Revolución Española, la autonomía obrera... Ese es el camino. Lo demás, fuegos de artificio y ni eso.


Estamos en guerra. Una guerra que la Dominación declaró al pueblo hace siglos. Una guerra tan ubicua como difícil de ver, aunque suene a paradoja. Una guerra que perdemos a diario. Una guerra que se ríe de nuestras pataletas inofensivas. Salvo cuando, como los mineros, se le quita la máscara y se le hace frente.

1 comentario:

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