Cada miércoles un cuento en El Estafador

miércoles, 20 de octubre de 2010

Ganando

Hace un par de post, cuestionaba la fiabilidad de la prensa. Ahora debo decir que, por la parte que me toca, suscribo todo lo que aparece en esta noticia publicada hoy por la Tribuna de Salamanca:




Pues sí. Primer premio. Qué bien se queda uno. Ahora tenemos que resolver el reparto del botín. En casa llevan varios días sublevados porque cada uno quiere su parte pero yo me niego a repartir.

El viaje a Salamanca ha sido relámpago y agotador. Dejé a los niños en el cole, volví a casa para apañar cosas de última hora, me monté en el coche, me aburrí como una ostra en el viaje, llegué a Santa Marta de Tormes, me permití fumarme un cigar acostado en la cama del hotel (estaba deseando hacer algo así y nunca había tenido oportunidad), me tomé un café aprisa y corriendo en Salamanca, a rebosar de erasmus, compré un libro de Astrid Lindgren para Caín y Abel, volví al hotel, me puse mis mejores galas, fui a la biblioteca municipal, controlé los nervios para no salir corriendo, recibí el premio, leí el cuento y nos fuimos a celebrarlo, premiados y jurado, a un bar cercano donde ponían unas tostas y unos productos de la tierra es-pec-ta-cu-la-res (me lo hubiera comido todo pero no quería reforzar el estereotipo de escritor famélico). Al día siguiente, me levanté temprano y volví corriendo a casa.

Tenía preparado un rollo diciendo que llevo quince años participando en concursos y que esto, la primera vez que gano algo, me lo tomaba como un reconocimiento a mi tesón y bla-bla-bla. Pero he aprendido algunos cosas de este mundo que me hacen pensar que la cantidad de concursos en las que he participado en esos quince años es la cantidad en la que debería haber participado en uno. Tendré que aplicarme, entre otras cosas porque he ganado muchismo más con este premio que con los tres libros publicados.

Y ahora una reflexión de padre. Esto de la paternidad es bipolar a más no poder. Los hijos te agotan y te descubres por los rincones murmurando que necesitas perderlos de vista. Y luego te vas y a los cinco minutos están echándoles de menos y haciendo fuerza en los lacrimales para no llorar de forma incomprensible.

PD: Si os fijáis con atención, veréis que el chaleco es Ben Sherman, gris con ribetes rojos. Chulísimo.

PDII: La noticia también ha salido en La Gaceta y allí informaban de que soy de Espinardo. Y es que, allá donde vaya, voy haciendo patria (chiquísima).

martes, 19 de octubre de 2010

domingo, 17 de octubre de 2010

Cutrerío

La página 63 de EL PAÍS SEMANAL de hoy domingo (17/10/10) es esta:



Cuando he leído que la imagen de la esquina inferior izquierda era una "gigantesca obra de SAM3 en Campofelice di Roccella (Sicilia)" me he dicho: Joder, el tipo ha copiado uno igual que hay en Murcia. Después me he fijado mejor y he reconocido los edificios. Lo que el periodista de EL PAÍS dice que está en Sicilia está, en realidad, en el barrio murciano de El castillejo.

Luego he buscado la obra en cuestión, se llama "Hiperión", y en todas las páginas webs en las que aparece se indica que está en Murcia. Dos ejemplos:

http://www.sam3.es/black/12sombras_1.html
http://www.woostercollective.com/2006/12/givin_blu_a_run_for_his_money_sam3_goes_1.html

¿Qué fue de eso de que uno no podía fiarse de la información de la red y sí de la de periódicos serios como EL PAÍS?

Esta metida de pata es mucho menor que aquella otra de la foto de una boda de niñas en Palestina pero deja a las claras que eso de contrastar las fuentes es cosa del pasado.  Y, claro, si el periodista no lo hace, solo una casualidad puede defender al lector. Yo me he dado cuenta de esta porque trabajé varios años al lado del edificio de la foto. Pero a saber cuántas mentiras más lleva el periódico de hoy que no podré descubrir. Cuánta indefensión.

jueves, 14 de octubre de 2010

Memory card



El lunes y el martes, amaneció soleado y llovió bastante al atardecer. Volviendo de un cumpleaños y con los limpiaparabrisas a tope, dije que el tiempo que estábamos teniendo me recordaba a la selva de Guatemala. Después, les conté a los hijos que cuando su madre y yo estuvimos allí, conocimos un loro que se sabía los himnos revolucionarios del CUC. Me quedé callado un momento y acabé reconociendo que no tenía claro que fuera un recuerdo fiable. Quizás mi memoria me estaba haciendo una jugarreta. Juan me dijo que hiciera como en los videojuegos que, al empezar, vas viendo las pantallas que ya has hecho y las puedes recordar perfectamente. Venga, hazlo, me animó.

Cerré los ojos y me concentré pero no conseguí nada. Juan, le dije, me temo que se me ha roto la memory card. A lo mejor es que has borrado eso sin querer, como hice yo en el juego de Batman, respondió. Es posible, hijo, es posible.

PD: A Guatemala fuimos con el COSAL - Entrepueblos que, ahora, se ha visto injustamente salpicado por todo la trama de desvío de los fondos para la cooperación al desarrollo del gobierno valenciano. Resulta que hay una fundación que les copió el nombre y que se llama Entre pueblos, separado, y es una de las que se ha estado quedando el dinero, presuntamente. El comunicado de Entrepueblos al respecto se puede leer aquí.

PDII: He subido una nueva entrega de El enésimo fin del mundo.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Puff

Visto lo visto, prefiero cuando le dan el Nobel de literatura a alguien que no conozco (la mayoría de las veces).  A mí Vargas Llosa no me gusta y es un rollo que ahora esté hasta en la sopa. No me gusta y me cae mal. Y si alguien te cae mal, los argumentos de otro tipo pasan a un segundo plano. Aunque, lo curioso de este caso es que me cae mal por cuestiones literarias.

Lo primero que me leí de Vargas Llosa fue el "Elogio de la madrastra". Y me gustó. Es de esos libros que te animan a seguir leyendo al autor. Me acuerdo de la inquietante sensación que me provocaba la atracción del niño por su madrastra y la imagen del padre acicalándose en el baño.

Luego me leí "La guerra del fin del mundo" y dije: hasta aquí hemos llegado. Este libro me lo dejó una persona que, ahora lo sé, me quería mal. Son chorrocientas páginas sobre un suceso real, y terrible, que pasó en Brasil. Lo que no pude soportar fue que el escritor estaba ausente en todo momento. Era como un científico jugueteando con amebas a su antojo. Como si estuviera por encima de todas esas miserias humanas que estaba relatando, como si hubiera dictado el libro desde las alturas inmaculadas. Me resultó tan desagradable que no creo que pueda volver a leer nada más del peruano. Bueno, o español, que por lo visto lo importante cuando te dan un premio así es la nacionalidad.

lunes, 11 de octubre de 2010

Al cine en Albacete



Este sábado, fuimos a Albacete. Hacía mucho que no íbamos. Así que, mientras los nietos y los abuelos celebraban el reencuentro con besos y abrazos, Mercedes y yo, aplicando diversas técnicas escapistas que aprendimos de un maestro ninja en nuestra última estancia en Japón, nos dimos a la fuga, rumbo al cine.

Íbamos sin niños, así que tuve que descartar la posibilidad de ir a ver Astro Boy. Mi segunda opción era ir a ver la última entrega de Resident Evil, en 3D. Me pedía el cuerpo ver a Milla Jovovich matando zombis. Pero el único pase era a la una de la mañana y a esa hora ya nos hemos dormidos, estemos donde estemos. Así que nos fuimos al Candilejas.

El Candilejas es una peculiaridad en el espacio-tiempo manchego. Un cine con tres salas en las que proyectan pelis alternativas. La oferta de este fin de semana, para qué decir lo contrario, era poco atractiva. Yo propuse ver una peli de Kazajastán sobre un campesino que quiere ligarse a la única chica del pueblo. Mercedes dijo que prefería una franco-suiza con la típica historia de mujer que quiere encontrarse a sí misma y se va a una isla del Mediterráneo.

La peli, que se llamaba "Villa Amalia" resultó, en resumen, un churro. Aburrimiento total. La misma historia que nos han contado mil veces y sin ninguna emoción. Cuando me pasa algo así, que una peli o un libro me desagradan, le echo la culpa al momento. Siempre digo: es que leí ese libro en mal momento. Y, la verdad, era que tenía un momento de peli con muchos efectos especiales, sin profundidad alguna en el argumento, con amor, sexo, explosiones y cosas por el estilo. Para quebraderos de cabeza ya tengo la vida real.

Luego nos fuimos a cenar a "La oveja negra". Pedimos atascaburras (pronúnciese atajcaburras), que me encanta, y queso a la plancha con mermelada, que también me encanta.

PD: Si encuentro ocasión, os contaré, algún día de estos, mi opinión sobre "El laberinto del fauno", la peor película que he visto en los últimos años.