Cada miércoles un cuento en El Estafador

viernes, 2 de noviembre de 2012

Un poco de terror doméstico

P(re)D: Hay muchas formas de escribir practicando ombliguismo, que es casi lo mismo que decir que todo lo que se pone por escrito tiene algo de ombliguismo. Durante años, en este blog practiqué un ombliguismo directo, crudo, sin matices. Pero la cosa llegó a cargar, al menos a mí. Ahora me he pasado a un ombliguismo más sutil. No redacto en primera persona del singular pero sigo siendo yo y mis circunstancias. Yo, mí, me, conmigo. Va una ración de ombliguismo descarado.


¿Cuáles son la cosas que me parecen extrañas? Las más insignificantes. Casi siempre son cosas inanimadas. ¿Qué es lo que de ellas me choca? Un no sé qué que no conozco. Sin embargo está ahí. Yo percibo ese algo, percibo su existencia...
Las tribulaciones del estudiante Törless, Robert Musil


El 1 de noviembre es buen día para cambiar el vestuario de verano por el de invierno, al menos en Murcia. En otros sitios estaréis pasando frío ya hace mucho pero el Sureste es lo que tiene. El caso es que estaba guardando las camisas de manga corta y poniendo las de manga larga en su lugar cuando, al fondo del armario, vi mi camiseta de deporte gris. Tengo dos, una roja y otra gris, así que las conozco bien. Con razón no la encontraba, pensé, está ahí al fondo, toda arrugada. La eché encima de la cama con intención de guardarla en su sitio cuando acabara con las camisas. Quité un par de perchas, abotoné algunos botones y, en una mirada casual, vi que la camiseta gris de deporte parecía tener encajes y puntillas, y hasta el tirante de un sujetador. Esas cosas salían de la camiseta como, así se me antojo, al menos, tentáculos de una masa amorfa. No le quise dar mucha importancia y seguí a lo mío. Pero la camiseta mutante estaba ahí, reclamando mi atención, abriendo una inquietante grieta en el discurrir previsible de la realidad. ¿Si no te puedes fiar de una camiseta de deporte, de qué te puedes fiar, maldita sea? Y el armario estaba allí, reclamando su papel protagonista en otra historia de terror.

(Y lo dejo porque si cuento el final se pierde la poca gracia que haya podido tener esta historia.)

5 comentarios:

Pilar / todomundopeques dijo...

Hola amigo, la hija pródiga ha vuelto... si que ha cambiado esto, como diría Caperucita...
Bueno, a lo que iba, teniendo en cuenta que ya sé lo que son las calorías (unos bchitos que viven en mi armario y que por la noche se dedican a estrechar mis pantalones...) pues no me extraña nada lo que le ha pasado a tu camiseta... es evidente que esas cosas pasan, pero es cruel que le culpes a ella ¿no te parece?¿por qué siempre terminamos por desconfiar de las demás víctimas?
Saludos y prometo venir periódicamente...
PD.- Odio profundamente los captchas... tenía que decirlo...

elhombreamadecasa dijo...

Pilar, pero qué alegría más grande me has dado. Las calorías sí que dan miedo (y la camiseta resultó ser otra cosa). Y respecto a los captchas, no respetan nada, hasta yo tengo que resolverlos para poner comentarios en mi propio blog.

Pilar / todomundopeques dijo...

Sugerencia: ¡¡Quítalo de tu blog!! encima se van a poner a censurarte en tu propia casa... amigo, hasta ahí podíamos llegar...
Y sugerencia 2: Q si ves que tal y te apetece tb se admiten comentarios, sugerencias y sobre todo PD en todomundopeques... que se agradecen las aportaciones paternales...
Nos vemos, seguro ;-)

Anónimo dijo...

No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Yo tuve un hermano, de Cortázar. Escrito a la muerte del Che.

aloe dijo...

que quiero que me manden cada dia o a la semana un articulo