Cada miércoles un cuento en El Estafador

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Mi abuela y el queso rallado

Mi abuela era de las que partía, repartía y se quedaba con la peor parte. A mí esto me producía sentimientos encontrados. Por un lado, admiraba su capacidad de, digamos, sacrificio. Por otro, me daba rabia que nunca se concediera la mejor parte. Porque merecerla, la merecía y uno debe aprender a respetarse. 


Después del incidente del queso rallado del otro día, he estado pensando en mi abuela. ¿Lo que hacía era un gesto consciente? ¿Se trata de una actitud que va surgiendo conforme se alimenta a los hijos? ¿Me estaré convirtiendo en mi abuela?


La semana pasada se quedó a comer en casa una amiga de Juan. Tal y como se acordó en el congreso celebrado en un parque a principios de septiembre, bajo el nombre de "Nosotr@s comemos, nosotr@s decidimos", tuve que hacer macarrones. Ni que decir tiene que el contracongreso celebrado en una cafetería, "Yo cocino, yo decido", fue ignorado completamente. La receta está estandarizada: macarrones, tomate frito, atún, huevo duro y queso rallado. No se aceptan innovaciones.


Los macarrones me salieron bien pero como Mercadona sigue implacable en su política de barrer de sus estantes todas las marcas que no sean la propia, tuve que comprar un queso rallado distinto al Cuatro quesos -especial gratinado- de El Caserío. Amigos, amigas, no hagáis nunca nada parecido. Es un consejo de todo corazón.


El nuevo queso rallado resultó un desastre y en vez de fundirse apetitosamente, se tostó hasta transformarse en palos negros y requemados. En cuanto lo vi, saqué la bandeja del horno y puse en un plato todo lo quemado. A la invitada y a mis hijos les puse lo mejor. Lo segundo mejor lo reservé para Mercedes y, sin saber cómo ni por qué, me comí lo quemado. De ahí lo que acordarme de mi abuela.

10 comentarios:

casinoviembre dijo...

Mi abuela lo hace con el cocido. Es muy curioso. Sirve a todos y ella se sirve el resto, que suelen ser las patatas cocidas rotas, y unos garbanzos desechos. No le toca nunca ni jamón, ni tocino.... como mucho, las patas de gallina, porque nadie las quiere.

Alba Arroyo dijo...

Lo siento Fede, ODIO los macarrones con atún. Lo siento de veras.

anaive dijo...

Mi madre hace lo mismo, y yo estoy empezando a hacerlo...

Soy la pequeña de 8 primos y los bocaditos más suculentos siempre iban a parar a mi plato y ahora me sorprendo cabreada cuando miro al plato de mi niño, mi marido y al mío y descubro que en el mío ya no está la tortillita que sobra del rebozado o la parte más gratinada (que no quemada) de los macarrones. Lo peor es que lo he servido yo!!

Totalmente de acuerdo con lo del queso rallado. Yo el lunes tampoco encontré el especial gratinado de El Caserío (dónde se ha metido??) y en el momento en el que puse otro en el carrito ya me estaba arrepintiendo.

Ariadna Valdés dijo...

Yo hago lo mismo! Así sea darle de comer a los invitados, a mi familia o a mi marido, siempre les doy la mejor parte, lo más bonito, y a mí lo demás. No sé si sea inconsciente o que así nos educaron, pero estoy de acuerdo en que está un poco mal, no veo razón por la cual alguien merezca comer mejor o más que quien cocina, sobre todo si se supone que todos somos iguales... me parece bien complejo.

Toda mi empatía para tí, y el queso rayado. Aunque, por cierto, mi abuela no hacía eso, ella siempre comía igual que los demás, pero ella era cojonuda para su época ;)

Andrea dijo...

Creo que todos los que cocinamos hacemos lo mismo, la razón es un misterio al igual que muchos otros como el ya conocido "¿qué fue primero, el huevo o la gallina?"... me encantan sus congresos :)

Anónimo dijo...

A eso se llama amor... o tal vez barrer y esconderlo bajo la alfombra.
A.

Lulu dijo...

Creo que es un efecto secundario de tener hijos, como las tetas caidas, la tripilla, las estrias, las frases de madre/padre como la famosa "pa' que comes si luego..."

Ester dijo...

Tienes más razón que un santo! A mi me pasa igual... siempre me como el trozo de tortilla que se ha roto, el platano espachurrado o feo, y el yogur que caducó ayer.

elhombreamadecasa dijo...

Casinoviembre, esa debía ser una asignatura troncal en las clases de abuela, la mía hacía lo mismo, incluso sabiendo que iba a sobrar.

Alba, pues no vengas a casa este miércoles que volvemos a comer lo mismo. Estos niños... le están cogiendo gusto a lo de ir de casa en casa.

Anaive, ¿lo has probado? Es un desastre, se queda duro y sin sabor (hablo del queso).

Ariadna, yo cuido mucho no extender eso a mis hijos cuando hay invitados. Quiero decir, que a los niños les sigo poniendo lo mejor aunque tengamos invitados.

Andrea, a lo mejor tiene que ver con dar las mejores partes para parecer mejores cocineros, como dice A. más abajo.

A. tuve que pensar un poco en tu comentario, no te creas, y al final lo entendí.

Lulu, las tetas caídas no tienen que ver conmigo... de momento.

Ester, es que hay mucho mito alrededor del yogur caducado, saben igual de bien y no sientan mal.

Joserra Rodrigo dijo...

jajajajajajaajjajaja, me sigo riendo y ha pasado una semana, me alegro el día que murió mi suegro porque como la lágrima es como la risa floja...muy buena, mejor que el spiinning y el pilates...mira que lo de las marcasy el queso es trascental eh Fede????? jajjajajajaja, de El Caserio me fio, si ya lo dice el jingle..jajjajaja.