viernes, 24 de julio de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
Realidad
Hace unos años, cuando era todavía más deprimente de lo que soy ahora (en el blog leéis a un personaje), escribí un cuento que encabecé con una cita de Pessoa. Eran unos versos que venían a decir algo así como que todo es desierto, salvo error, naturalmente. Siguen reflejando bastante bien mi forma de sentir más habitual. Era la historia de una señora que iba en silla de ruedas y alguien dejaba a la sombra en un patio de vecinos. Y allí se quedaba. Cuando empezó a darle el sol nadie fue a recogerla ni a cambiarla de sitio. Pasaron varios días sin que nadie le hiciera ni caso hasta que el padre del chaval que cuenta la historia llama a los de Ingeniería Urbana para que se la lleven. Cosa que hacen rápidamente. La alegría de la huerta (murciana).
Esta tarde me he encontrado por segunda vez en lo que va de semana al Tío A. tirado en el suelo. Por la tarde lo colocan en un sitio con sombra y listo. Llego a las cuatro, y ahí está. Me voy a casa a las nueve, y allí sigue.
He salido del local a fumarme un cigar y lo he visto caído al lado de su silla de ruedas. Cuarenta y cinco grados. Nadie por ninguna parte. Me he acercado a recogerlo y subirlo a su silla. A su lado había un perrete que al ver que me acercaba ha debido pensar que quería hacerle algo malo y ¡me ha atacado! Mientras me esforzaba en subir al Tío A. a la silla, he tenido que apartarme al chucho a patadas y explicarle que no quería hacerle nada malo. Esto último lo he hecho a gritos, no sé por qué.
Al final, he conseguido sentarlo bien sin recibir ningún mordisco. Le he preguntado si necesitaba algo, me ha respondido con un murmullo que no he entendido, me he despedido de él y me he ido a fumar el cigar a un sitio con sombra. Me hubiera ido a algún lugar lejos, muy lejos, de la realidad pero no he sabido cómo.
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Pensamiento único
Calor. No puedo pensar en otra cosa. Será porque acabo de llegar al trabajo y he estado veinte minutos dentro de un coche sin aire acondicionado a las tres y media de la tarde. Llevo cinco veranos trabajando con este horario inmisericorde y apostaría a que hoy ha sido el día en que más me ha costado llegar al trabajo. Debo tener el tejido pulmonar lleno de quemaduras de primer grado de respirar este aire infernal. La pasta de mis gafas se ha calentado tanto que he temido que empezaran a deshacerse. No he hecho la prueba pero juraría que se me han quedado pegadas y ya nunca más me las podré quitar.
Cuando conduzco, llevo preparada una serie de planes de contingencia para saber cómo actuar ante posibles sucesos:
a) Me quedo ciego
b) No me quedo ciego pero se me caen las gafas
c) No me quedo ciego ni se me caen las gafas pero me entra una pestaña en el ojo
d) Una cucaracha empieza a corretearme por entre los pies con sandalias
e) Me rodean una banda de Ángeles del infierno
f) Me atrapa el rayo tractor de un platillo volante
g) La carretera empieza a empinarse porque resulta que estaba encima de un puente sobre un río navegable como en las películas
Pero hoy he sufrido un ataque de pánico al darme cuenta que había algo que no había contemplado. ¿Qué hacer si, cual grano de maíz al fuego, hago ¡pop! y me transformo de golpe en una palomita de maíz? ¿Podría seguir conduciendo? ¿Podría salir volando por la ventanilla y volver a casa para que Juan construyera alguna máquina con la que revertir el proceso? Afortunadamente, esto no ha sucedido, aunque tendré que tenerlo en cuenta para la siguiente vez.
(Esta tarde, los pinos de la calle Los pinos, de ahí su nombre, hacen un ruido muy raro. Como si cientos de ardillas estuvieran royendo sus piñas. Pero no es eso. No hay tantas ardillas. Me asusta pensar qué puede ser.)
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miércoles, 22 de julio de 2009
Maratón de planchado

El vinilo es muy sacrificado. Me refiero al vinilo de los discos. Un CD o un archivo mp3 se puede escuchar prácticamente en cualquier sitio. Pero un vinilo no. En mi caso debo estar en el estudio para hacerlo. Cosa que no pasa muy a menudo. Me ha dado por comprar discos en este formato, soy romántico y fetichista a la par, y me agobio porque no los puedo escuchar.
Por fortuna, también soy un hombre intrépido y de solución fácil, así que he encontrado la manera de conciliar la vida musical con la vida familiar: una vez que he dormido a los niños, me pongo a planchar en el estudio mientras escucho música.
El único aire acondicionado que tenemos en la casa no llega al estudio y tengo que planchar con el ventilador a toda velocidad. Esto complica la faena porque se me levantan las mangas de las camisas y no hay forma de pillarlas bien con la plancha.
Como llevaba muuuuuucho tiempo sin planchar, entre el lunes y el martes me he pegado un atracón de cuidado. Si hasta me ha salido una ampolla en la mano derecha. Pero no pasa nada, he podido escuchar a placer el disco de The Pain Of Being Pure At Heart.
PD: Con este grupo me pasó una cosa que si no la cuento reviento. Estuve en Madrid hace un par de fines de semana. Durante todo el viaje de ida, ensayé el nombre del grupo para decirlo bien cuando lo pidiera en las chulísimas tienas de discos de Madrid. Pero encontrarlo iba a ser más difícl de lo que pensaba. Al final lo encontré en una tienda a la que entré ya desesperado. ¿Tenéis el disco de The Pain Of Being Pure At Heart? (pronunciación de Oxford). Sí, me dijo el dependiente con cierto tono de pesadumbre, pero solo en vinilo. Es que lo quiero en vinilo, respondí pavoneándome. Algunos somos muy tontos.
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Alerta naranja
Hace tanto calor que dan ganas de echarse a llorar. Pero no te atreves por miedo a que las lágrimas se pongan a hervir y te abrasen las pupilas.
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martes, 21 de julio de 2009
Crítica a algunos, muchos, muchísimos, periodistas
Cantan Los punsetes en "Matadero": "Tú eres de los que miras en los accidentes / Te gustan ver el cuerpo descompuesto de la gente". Yo no. No miro en los accidentes. No me gusta ver a la gente sufriendo y menos aún verla morir. Me da igual que sea Lady Di o el más anónimo de los mortales. No me gusta.
Me acuerdo cuando en el Telediario decían aquello de: "Les advertimos de que las imágenes que siguen a continuación pueden herir su sensibilidad..." La frase te daba tiempo a taparte los ojos, apagar la tele o cambiar de canal. Eso ya no se estila.
Ayer, debido a una conjunción extrañísima de los astros, pude cenar solo viendo los deportes en la tele. Primero vi los de Cuatro, donde ya se empeñaron en que viera cómo una rueda impactaba a gran velocidad sobre la cabeza de un piloto de coches y lo mataba. Pude cerrar los ojos a tiempo. No negaré que el morbo y la curiosidad están ahí. Pero me parece miserable poner imágenes de ese tipo y me niego a verlas. Después, pasé a los deportes de la Uno. El Barça ha vuelto a los entrenamientos y Guardiola, ay, a dar ruedas de prensa. Entonces dijo María Escario: "Presten mucho atención a las imágenes que van a ver a continuación" (o eso o "No se pierdan detalle de....", que es casi peor). De nuevo la rueda matando a un hombre por una fatalidad. Qué asco de prensa sensacionalista.
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lunes, 20 de julio de 2009
Una pequeña reflexión sobre el Tiempo e Internet

El Tiempo irá siempre en un mismo sentido, no se detendrá, será lineal, de detrás hacia adelante, etcétera. Pero luego podemos moldearlo a nuestro gusto, más o menos. Especialmente en la red.
Cuando uno pone un hipervínculo en un post, se remite a algo que ya está en Internet, o sea, al pasado. En un post escrito el 5 de julio no se puede poner un hipervínculo a un post que será escrito el 16 de julio. O sí.
Precisamente el 5 de julio subí un post a este blog en el que, de pasada, hablada de la afición de Darío por los columpios. Si lo leéis ahora, podréis ver un hipervínculo a la entrada en la que escribía más en detalle sobre el tema... ¡escrita el 16 de julio!
Vale, la cosa no es muy misteriosa. Editas el post cuando quieras y ya está. Pero, pensadlo un poco más. No deja de tener su aquel.
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