Cada miércoles un cuento en El Estafador

domingo, 14 de junio de 2009

Jugar a las peleas


Juan se hace mayor. Lo sé porque el viernes al mediodía, aprovechando la ausencia materna, estuvimos jugando a las peleas y casi me luxa dos dedos de la mano derecha. Ya sabe cotrarrestar todos mis trucos: el ataque del tambor, la máscara de Hannibal, la pedorreta hipersónica... Por si fuera poco, en el recreo ha aprendido varios trucos ninjas que casi me llevan al hospital.
Tendré que empezar a jugar a las peleas con protecciones y supervisión adulta.

Fuera de lugar


Que yo me sienta fuera de lugar no tiene nada de especial pero el sábado fue el colmo de los colmos. Como dijo Mercedes: Es como si te hubieran preguntado dónde te apetecía menos estar y te hubiera mandado allí.

Pues sí, pasé el sábado donde estáis imaginando: ¡en Terra Mítica! Odio los parques temáticos con toda mi alma y este con especial virulencia. Voy demasiado a menudo por cuestiones de trabajo. Nunca me monto en nada porque me mareo de solo mirar las atracciones. Hace un calor de mil demonios. Ni una nubecilla cruzó el cielo en las interminables horas en las que vagué por esas cuestas empinadísimas tratando de agrupar a 20 criaturas desbocadas. Y la gente chillando, montándose en cosas que daban muchas vueltas, mojándose sin ningún cuidado, consumiendo botes de refresco a precios desorbitados... Tuve también la suerte de que, llegando, me empezó a dar un dolor de cabeza terrible que me hizo compañía toda el día.

Un día para olvidar.

jueves, 11 de junio de 2009

J´suis snob


La RAE prefiere no tomar mucho partido y define esnob como Persona que imita con afección las maneras, opiniones, etc., de aquellos a quienes considera distinguidos.

Por su parte, María Moliner enseña más el plumero al definirlo como Persona que afecta, por parecer distinguida, costumbres o maneras que no le son naturales.

La Wikipedia explica que el primer uso que se registra de esnob aparece en una obra de George Bernard Shaw y se refiere a una persona que desprecia a quienes considera de clase inferior a la suya. Pero indica también que el esnobismo puede ser positivo porque tiene la función de superación intelectual al imitar modelos adecuados.

En mi caso, para qué disimularlo, el esnobismo tiene mucho de tontería. Pondré un ejemplo. Yo solía fumar tabaco de liar de determinada marca. Un día, fui al estanco y como no tenían de ese, compré otro, el que me dio la estanquera. El fin de semana siguiente vino mi hermana de Madrid y estuvimos fumando. Anda, me dijo, ese tabaco que tienes es el que fumaba todo el mundo en New York, New York.

Esta nueva marca sabe peor, al menos para mi gusto. Lleva más cantidad de tabaco y como yo fumo poco se me acaba secando. Además, diría que sale algo más cara. Pero ¿cómo dejar de comprar el tabaco que todo el mundo lía en la capital del universo?

Boris Vian cantó lo que sigue (que conste que no entiendo lo que dice, lo pongo por el título):


miércoles, 10 de junio de 2009

Reflexiones en la pelu



Esta mañana, mientras el peluquero me arreglaba las patillas, he pensado con envidia en esos personajes de ciertas películas y novelas que pasan todos los días por la barbería para que los afeiten. No me importaría ser uno de ellos. Y no por el hecho de tener unos ingresos que te permitan ese gasto diario, que también, sino por lo que supone de control sobre tu propio tiempo. Levantarte tranquilamente, ducharte, desayunar escuchando la radio y salir hecho un figurín camino de la barbería para seguir el día con un afeitado apurado de verdad.

Y hablando de patillas y de Los Salvajes, ahí va eso:

Post autodestruido

Con puntualidad británica, esta vez sí, el Decálogo para la infancia se ha ido a freir espárragos. Ya nadie podrá leerlo nunca. Cuánto nihilismo. Podéis verlo aquí.

La onomatopeya es una canción de Los Salvajes. Se puede escuchar dándole al play o al enlace.



http://www.goear.com/listen/a9a434b/Paff-bum-Los-Salvajes

martes, 9 de junio de 2009

Contra la "sabiduría" popular


De nuestra casa al colegio en el que nos tocó votar debe haber unos ciento cincuenta metros, doscientos como máximo. Creedme si os digo que tardamos media hora en recorrerlos. Con hijos no se puede ir ni a la punta de la esquina. Creedme también si os digo que hubo vecinos que se acercaron a votar en coche. Bueno, dejemos por hoy los ejercicios de fe y prosigamos.

Al poco de salir de casa, una vecina nos saludó. Nos dijo que había visto a mi hermana C. cuando estuvo en casa el sábado y que estaba guapísima. El embarazo le sienta fenomenal, es verdad. No siempre es así, hay mujeres a las que el embarazo les sienta fatal. Según el saber popular, si una mujer está embarazada de una niña, se pone fea. Si está embarazada de un niño, se pone guapa. Este conocimiento se usa más bien en sentido inverso y en forma de diagnóstico: si la mujer está fea trae una hembra y al revés, o como se diga. Ya no es solo que esto sea cutremente machista, es que es un razonamiento erróneo que se sustenta solo en supercherías y juicios de moral. Mi hermana está guapísima y la sobrina será, eso, sobrina. Y, por supuesto, no es el único caso que desmantela el mito de la sabiduría popular.

Y ya que he empezado como he empezado, voy a acabar con tres comentarios acerca de las elecciones. Primero. El PP ha arrasado en Murcia consiguiendo la mayor diferencia porcentual del mundo mundial. Chincha rabiña. Segundo. Mola ser del PP. No importa que compartas las opiniones de un desgraciado monseñor que afirma que es peor que una mujer ejerza su derecho y aborte cumpliendo la ley a que un cura viole a un niño. Tampoco importa que seas más gandúl que las piedras. Te votan igual. Tercero. Podría ser peor, podríamos ser italianos.