Cada miércoles un cuento en El Estafador

viernes, 15 de marzo de 2013

Apuntes contra el Estado (I)

Estamos poniendo en marcha un grupo de pensamiento (o como se llame) para reflexionar sobre la dominación y las posibilidades de salida desde una perspectiva libertaria. Se trata, entre otras cosas, de cuestionar las alternativas que se ofrecen en la actualidad, que se pueden resumir en su totalidad en más de lo mismo. El tema con el que hemos empezado es el Estado. Comparto a continuación las notas que estoy tomando para aportarlas al debate. Como tales notan deben leerse, asumiendo que habrá ideas poco desarrolladas e incluso contradictorias. Lo que sigue está basado en la idea marxista-situacionista de que las armas de la crítica exigen primero la crítica de las armas y en una necesidad, muy subjetiva, de radicalizar (coherentemente) el discurso. Ahí van:


Marx: "...el Estado enmaraña, controla, regula, vigila y tutela a la sociedad civil, desde sus manifestaciones de vida más vastas hasta sus movimientos más insignificantes, desde sus formas de vida más generales hasta la existencia privada de los individuos..."


Una idea central es amos sin esclavos. Ahora vivimos en una situación de amos con esclavos (pocos amos, muchos esclavos). La condición de esclavo es miserable pero no hay que envidiar la de amo (Camus: "...el destino de los amos consiste en vivir eternamente insatisfechos o ser asesinados."). Y no solo porque aspirar a ser amo con esclavos es legitimar a los que hay ahora. Los amos, al exigir la existencia de esclavos, y necesitarla, se degradan de manera intensa, se reducen a subhumanos. Su degradación es mayor que la de los esclavos. El Estado es la base actual de esta situación de amos con esclavos.


El Estado tiene como principal objetivo no solo su autopermanencia sino la satisfacción de los deseos y ambiciones de los pocos que lo dominan. (Y habría que pensar con atención si los que lo dominan forman parte de cada Estado o si son una congregación supraestatal. Estado y nación están identificados en la actualidad, cada uno de ellos tiene a sus poderosos pero las decisiones que estos toman son menores ya que la mayoría de ellas viene impuesta por una elite desconocida, hombres detrás de las cortinas. Aunque, eso sí, cada elite local sabe adaptarse a esas decisiones supraestatales para sacar provecho). Para justificar la existencia del Estado y del gobierno que, temporalmente, atiende sus requerimientos, idearon el concepto de cesión de poder y consentimiento. Esto es, las personas que habitamos cada Estado cedemos voluntariamente el poder a los gobernantes y consentimos que tomen decisiones por el bien común (risas). Para asegurarse esta situación ideal, nos han ido manipulando durante siglos para asegurarse que nuestra elección libre siga siendo ceder el poder y consentir ser gobernados. De esta manera, nuestra vida es mentira (Nietzsche: "Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente; y posea lo que posea, lo ha robado".)


Para asegurarse nuestro consentimiento, el Estado se muestra como la única opción para que nuestras vidas sean seguras y confortables. Los principales defensores del Estado somos nosotras mismas. Nos hemos creído la idea de ciudadanía y todo lo que conlleva. Así, defendemos el civismo (no manchamos, no rompemos, no levantamos la voz), exigimos derechos y reconocemos obligaciones (los primeros son papel mojado, los segundos, losas al cuello), identificamos democracia con votos, engordamos tiranos... Somos la policía más eficaz. Marcuse tiene algo que decir a los ciudadanos, a los cívicos: La ley y el orden son siempre y en todas partes la ley y el orden que protegen la jerarquía establecida".


La manipulación que perpetúa el consentimiento es ubicua: educación, familia, medios de comunicación, trabajo... Pero incluso siendo libre, no dejaría de ser incomprensible. ¿Cómo es posible que alguien acepte delegar en otros las decisiones que condicionan su vida? Ni siquiera las supuestas necesidades de eficacia lo justifican. Ni el miedo a la guerra de todos contra todos de la que habla Hobbes. Es él el que escribe de la cesión de poder en los siguientes términos: "autorizo y otorgo mi derecho de gobernarme a este hombre o a esta asamblea de hombres con la condición renunciar a mi derecho y a autorizar de la misma manera sus acciones". Es interesante la verdad implícita en esa frase: nuestro derecho a gobernarnos a nosotros mismos. Sabiduría infantil: Tú no mandas en mí.


Como el Estado es la única opción posible y todas queremos ser buenas ciudadanas, no se cuestiona y, como mucho, se plantean pequeñas mejoras / reformas. La gran mayoría de la gente que ahora sale a la calle lo hace en este sentido. Desaprueban este gobierno pero no al gobierno, no son conscientes, en palabras de Gramsci, de que les interesaría el derrocamiento de la dominación capitalista. La marea blanca defiende una sanidad en la que el Estado se limita a mediar entre nuestra salud y los intereses de las farmacéuticas y demás. La marea verde quiere recuperar los derechos perdidos (y no perder más) para poder seguir educando en la sumisión. Los mineros quieren que el Estado siga subvencionando a sus jefes para que ellos puedan cobrar. La PAH no deja de pedir y pedir a los diputados que sean buenos (señora zorra, está bien, cómase a las gallinas pero hágalo con cuidado)... Las cuestiones de fondo quedan incólumes. Son invisibles.


Otra idea que justifica al Estado es el binomio pastor-rebaño. El pastor (Estado-gobierno) está aquí para cuidarnos a nosotras (rebaño), todo lo que hace es por nuestro bien, su máxima preocupación es nuestra felicidad (claro que él, cuando quiere decir felicidad le sale docilidad). Dejando a un lado las connotaciones religiosas de esta justificación del Estado, hay que ponerla en cuestión por varias razones. El Estado como pastor y la ciudadanía como rebaño (balando en las casas delante del televisor, en las manifestaciones, en los colegios electorales...) es la base sobre la que se asienta el Estado del bienestar. Un bienestar que nunca fue tal o, en el mejor de los casos, nunca fue completo. Se añora la España de hace unos años y ya nadie recuerda en su justa medida a los mileuristas, los muertos de las pateras, los explotados en el campo o la construcción, los excluidos de una u otra manera... El bienestar siempre fue parcial y condicionado. No hay bienestar válido si una parte importante de nosotras se queda fuera, aunque sean ovejas negras. Además, el Pastor-rebaño remite a la relación paterno-filial. El Estado es el padre que nos ama y cuida, que nos prohíbe cosas por nuestro bien, que nos dice qué decisión tomar desde su indiscutible sabiduría. El poder parental es un mal inevitable justificado solo en la falta de capacidad del niño para tomar sus propias decisiones o para valerse por sí mismo. Pero el niño está desvalido solo durante un tiempo. El poder paternal, menos mal, tiene fecha de caducidad. Por su parte, el Estado del Bienestar, el Pastor-rebaño, nos trata eternamente como seres inmaduros, incapaces y nos somete a su control permanente... por nuestro bien.



martes, 19 de febrero de 2013

Cabezas huecas

(Título alternativo: Lo que tiene uno que escribir para poder subir una ilustración guapante.)

La Dominación también sueña, también acaricia sus utopías, oscuras y miserables, distopías desde nuestro punto de vista. La Dominación sabe que está rodeada de peligros, personas que quieren ser libres, amarse sin condicionantes, dar rienda suelta a sus subjetividades, jugar hasta perder el aliento. La Dominación se ve obligada a tener en marcha toda clase de sistemas de sumisión: medios de comunicación, educación, publicidad, militares, catedráticos, policías, parlamentarios... En palabras de Balzac: Todo poder es una conspiración permanente. Por no hablar de la terrible inquietud de que algún día algo falle y se vea liquidada. Ah, la Dominación, tan cansada y asustada pero triunfante, al fin y al cabo.

La Dominación aspira a convertirnos en borregos, marionetas productoras y consumidoras, ciudadanos obedientes con una papeleta de voto entre los dedos. La aspiración de la que hablamos ha sido reproducida hasta el aburrimiento en películas, tebeos, libros. Hasta en los dibujos animados de éxito popular. Para la Dominación, la persona ideal es como el pez de una de las películas de Bob Esponja, con un cubo embutido en la cabeza, dispuesto a obedecer todas las órdenes que le lleguen, en este caso de Plancton, el malo de turno. Personas con un cubo de cebo en lugar de cabeza, restos podridos de animales marinos en lugar de cerebro. La metáfora es tan atractiva que era imposible eludirla. La ficción no hace, con estas historias, más que usar dos de los significados del verbo "conjurar". La quinta acepción que el DRAE otorga a esta palabra es: Rogar encarecidamente, pedir con instancia y con alguna fórmula de autoridad una cosa. La sexta es: Impedir, evitar, alejar un daño o peligro. De esta manera, podemos ver a los trabajadores de la ficción como sádicos o quintacolumnistas de la Dominación o como magos que pronuncian sortilegios para evitar el desastre.

La Dominación, sin embargo, es efectiva. Sin descartar los servicios prestados por escritores, guionistas y artistas de todo pelaje, está consiguiendo, gracias a la tecnología, que su sueño sea más real que nunca. Lo que en tiempos fue denunciado como Pensamiento Único aspiraba, en realidad, a ser Pensamiento Cero. Nada por aquí, nada por allá. Mentes en blanco. Pizarras en las que escribir el destino que nos tiene preparado. La Dominación quiere mantener la situación atada y bien atada y qué mejor forma de conseguirlo que inducirnos a que seamos nosotras mismas las que hagamos esa labor. Así, somos las primeras en censurarnos, en no pensar tal cosa porque es muy arriesgada, en no hacer tal otra porque estaría mal vista, en pretender hacer la revolución vía internet. Somos nuestra propia policía para regocijo de la Dominación. Hay que reconocerle que sabe lo que se hace.

Hay una idea sobre la tecnología que Félix Rodrigo Mora enuncia de la siguiente manera: a mayor perfección del objeto técnico mayor degradación del sujeto que de él se sirve. No se trata de demonizar la tecnología porque según el razonamiento de Rodrigo Mora, la bondad o maldad de los ingenios depende del uso político que se haga de ellos, de su intencionalidad. Y según el adagio samurai, no es el arma sino el guerrero que la empuña. Sea como sea, la esencia de muchas expresiones concretas de la tecnología consiste en que el sujeto, al tiempo que se cosifica, debe transferir al objeto tecnológico buena parte de sus habilidades. Y eso nos lleva al meollo de esta entrada.

Las nuevas tecnologías, al igual que los dibujos animados o la Aritmética, también ofrece metáforas para continuar con el tema uno o dos párrafos más. La nube, sin ir más lejos. Dentro de poco, los discos duros de nuestros ordenadores estarán vacíos porque toda la información se depositará en grandes servidores, quedará flotando en la nube, es un decir, para que podamos acceder a ella cuando nos plazca. Lo mismo que pasará con las fotos o archivos de texto, sucede ya con las ideas, las opiniones e, incluso, los sentimientos. La Dominación elabora lo que debemos pensar, sentir, hacer y lo coloca en una nube que flota sobre nuestras cabezas huecas. De tal forma que cuando queremos saber qué opinar sobre este o aquel tema, escuchamos una tertulia radiofónica o leemos un periódico. Y cuando queremos saber cómo ser felices, vemos anuncios en la tele, para acertar con la bebida que nos hará especiales o la prenda de ropa que nos hará sobresalir de la masa. Dicho de otra manera:

"El Diablo de los Mares",  Artiz.


martes, 12 de febrero de 2013

Moda secreta



Esta mañana he estado como público en un juicio. El juicio se ha suspendido y la palabra público no es muy acertada. Éramos varias decenas de personas que estábamos allí para apoyar a dos compañeros y dos compañeras denunciadas por la policía nacional. Entended que de las cuestiones legales no diga nada: (1) no me entero mucho y (2) puedo meter la pata y decir algo inconveniente para los compañeros. Pero hay algo que debe ser señalado con urgencia. Esto es:

Entre los policías secretas y los antidisturbios de paisano se lleva el color camel.

PD: Es posible que haya quien piense que algo así no justifica un post. No soy de esa opinión pero como querer contentar a todo el mundo es un defecto, diré algo más. Empezaré por dos cuestiones más de moda:

1. Las chaquetas color camel no se las han quitado ni cuando ha sido evidente que la calefacción estaba en marcha. Supongo que es la degeneración profesional: ellos se ponen lo que les toque ese día y ya no se lo quitan, pase lo que pase. Qué disciplinados son. Carne de orden.

2. ¿Un secreta que va de civil, se puede decir, en sentido estricto, que va de paisano? Visto lo visto, junto al camel de las chaquetas se llevan los vaqueros poligoneros de inditex.

Y ahora otro tema. Hay un pensamiento poco elaborado que da por hecho cosas como que un inmigrante no puede ser racista o que allá donde una mujer esté (política, empresas...) las cosas mejorarán. La prueba de que esto último no parece muy acertado la tenemos en el hecho de que una de las denunciantas iba peinada con una larga cola. Que una cuestión son las cuotas y su intento de introducir elementos de reparto equilibrado del poder y otra es que haya cosas sin arreglo, como la policía en sí misma.

La última. A los medios de comunicación les da mucha marcha últimamente decir que los parados no son simples números y poner rosto a la crisis. Ejercicios respetables si no fuera por el morbo que le ponen al asunto y los anuncios de coches de gran cilindrada que ponen después del enésimo testimonio dramático. Mientras que se intenta humanizar algunas estadísticas, más o menos bien, algunas cosas no pueden serlo de ninguna manera. Los compañeros acusados han sido llamados por su nombre y apellidos. Los policías acusadores con un número. Es a lo máximo que pueden aspirar mientras vistan uniforme y cumplan órdenes.

jueves, 7 de febrero de 2013

Curtis Garland

Recupero el fragmento de un post que escribí hace tiempo. Sirva como homenaje al gran Curtis Garland:

La noche de América agonizante. Varias veces he dicho ya en este blog que idolatro a Juan Gallardo, a.k.a. Curtis Garland, a.k.a. mil nombres más, todos anglosajones. Empecé a sentir admiración tras leer su biografía, publicada por Morsa, y ver ese listado final en el que se citaban solo algunas de sus ¡2000 novelas! Después lo conocí en Barcelona y quedé más admirado. Después leí "La noche de América agonizante" y me puse a sus pies. Después encontré dos libros suyos en una ferie del libro viejo y de ocasión y disfruté leyéndolos como disfruto de los tebeos y de esos libros dedicados al alto objetivo de entretener.



"La noche de América agonizante" es un libro de ciencia ficción y espionaje en el que hay cosas que podrían haber escrito Stan Lee, Alan Moore, Grant Morrison, Frank Miller, Bryan Talbot... Máquinas del tiempo, tiranos continentales, espías honrados, amigos fieles, cochesvoladores, armas increíbles... Hay una idea que me gusta mucho y que sugiere que toda la ficción está almacenada en una caverna, como la de Platón, y el escritor se limita a traerla de vez en cuando al mundo de los libros. Gallardo sabe manejarse en esa oscura caverna sin necesidad de luz ni mapas, la conoce como la palma de su mano.

Los autores de bolsilibros, esos libritos que inundaban los quioscos y se vendían como churros, debían escribir una novela a la semana. Eso, paradójicamente, les hacía libres de la obligación de escribir la mejor novela en cada novela. Se dejaban llevar por las urgencias y la imaginación volaba libre y certera. 

Sobre todo esto, Javier Pérez Andújar escribe en el prólogo a "Yo, Curtis Garland": Una de las diferencias más maravillosas que hay entre la literatura y la subliteratura, es que esta útlima sí que se compra para ser leída. Una novela de quiosco no se compra para quedar bien un día de Reyes, o para adornar una estantería o por dejarse influir por un prestigio publicitario, se compra con el modesto propósito de leerla y pasar el rato.

martes, 29 de enero de 2013

(Yo creo en) Bruce Lee



Muchos años después, en otro lugar y con otros protagonistas, he vuelto a asistir a una conversación que ya escuché y que, en su momento, puse por escrito:



De pie junto a un banco, vio a El Cuevas. Estaba con dos chavales y parecían discutir airadamente. Al acercarse, pudo oír la conversación:
            ―Brus li está muerto. El mejor es Yaqui Chan ―decía José Manuel.
            ―¿Y eso qué más da? Brus li es una leyenda y le da mil vueltas a Yaqui Chan, al Van Dam y a ése que dices tú ―dijo El Cuevas.
            ―Yet li ―aclaró Jesús.
            ―El Van Dam sí que es un mierda. Una vez se encontraron por la calle Van Dam y Yet Li. Se miraron y empezaron a pelearse. El Yet Li hinchó al Van Dame. Así: fa´… fa´… ―José Manuel acompañó sus palabras de movimientos espasmódicos de brazos y pies, como si hiciera kung fu.
            ―Me da igual lo que digáis, Brus Li es el mejor ―El Cuevas defendía su postura con pasión.
            ―Ya me estás enrritando, compare, con el mierda de Brus Li. Pero si está muerto. Si ahora pelearan Brus Li y Yaqui Chan, ganaría Yaqui Chan.
            ―Claro, pichica, porque Brus Li está muerto.
            Manuel sintió ganas de intervenir pero se contuvo, pensó que no estaría a la altura de la conversación.
            ―Eres un comemierda ―le dijo José a El Cuevas―. Yaqui Chan tiene el récord del KO más rápido. Hace fa´… fa´ y te deja KO ―José Manuel repitió los movimientos espasmódicos dirigiendo los de los brazos contra el defensor de Bruce Lee.
            ―Como saque el espíritu de Brus Li te reviento a hostias.
            ―Eres un fantasma, te vas a comer toas mis mierdas por tu boca.
La conversación se movía por los derroteros habituales.
―Si Brus Li estuviera vivo sería el mejor ―terció Jesús―, pero como está muerto el mejor es Yaqui Chan. ¿Sabéis que mi papa le dio la mano a Brus Li?
―¿Qué dices? ―preguntó El Cuevas emocionado.
―Mi papa conoce a muchos famosos. La noche antes de que muriera el Torete,  mi padre estuvo de fiesta con él y se emborracharon juntos.
―Me estás vacilando.
―Que no, que es verdad ―dijo José Manuel―. Su papa ha viajao mucho, lo que pasa es que ahora ha acabao en Archipiélago.
            La conversación se fue apagando hasta que los dos chavales decidieron largarse. El Cuevas quiso decir la última palabra y les gritó:
―¡Brus li es el mejor!
―¡Comemierdas! ―le respondieron los otros dos desde lejos.
―Joder, Cuevas ―le dijo Manuel―, ¿cómo te metes en estos líos?
―Porque hay que defender en lo que uno cree y yo creo en Brus Li.


(Sigue aquí, por cierto).

miércoles, 9 de enero de 2013

Monitoras de comedor desalienándose


Según el “Diccionario político” de Haro Tecglen, alienación es un fenómeno por el cual el hombre se convierte en el extranjero de sí mismo, en ajeno a sí mismo... [para que esto se produzca] es preciso que ciertas fuerzas invisibles lo impulsen a este estado fuera de su naturaleza y de sus intereses hacia otros que no son los suyos, pero que ellos creen que lo son. Véase a la cajera del Mercadona enfrentándose a los compañeros del SAT que estaban expropiando carros llenos de comida.

El concepto de alineación presupone la existencia de una naturaleza humana, una forma de ser primigenia de la que nos arrancan a la fuerza. La naturaleza tiene mala prensa, huele a reacción. Pero hagamos una enumeración rápida de las virtudes de la infancia: espontaneidad, sinceridad, juego, imaginación, presencia, hegemonía de los deseos, rechazo al control... Todas ellas virtudes incompatibles con el estado de cosas de la Dominación. Y, hay que decirlo, virtudes muy respetables. Por eso la alienación se da desde el comienzo y en todas partes. Tiqqun lo dice así:

Cada cuerpo, para llegar a ser sujeto político en el seno del Estado moderno, debe pasar por el proceso de fabricación que lo convertirá en tal: debe comenzar por dejar de lado esas pasiones, impresentables, sus gestos, irrisorios, sus inclinaciones, contingentes, y debe dotarse en lugar de esto de intereses, que son con certeza más presentables y hasta representables. Es así por tanto que cada cuerpo, para llegar a ser sujeto político, debe empezar por proceder a su autocastración en sujeto económico.

De tal forma que, extirpadas las gónadas, como dijo Guy Debord, en ninguna parte existe el adulto dueño de su vida. De nuevo la cajera de Mercadona.

Fue Marx el que popularizó el término de alineación. Para Marx, el quid de la cuestión estaba en el trabajo y, en concreto, en la división del mismo. Al encargarse de una parte del trabajo, la persona deja de participar de la actividad total de la sociedad. La sociedad pierde su carácter humano pero no porque el trabajo esté dividido sino por la mera existencia del trabajo. No hay que trabajar. Hay que negarse a realizar las tareas que otros nos asignan: recordemos al niño peleando como gato panza arriba para no madrugar o para no hacer los deberes.

Pero, en fin, las cosas son como son y hay que trabajar. Hay que dar gracias si tienes un trabajo es la nueva frase de moda. El colmo de la alienación es desear un trabajo a toda costa, sean cuales sean las condiciones. Sin embargo, hay vida ahí fuera. Que se lo digan si no a las monitoras de comedor deAragón, que están dando un ejemplo emocionantísimo con su huelgaindefinida.

Las monitoras han abucheado a la consejera de Educación, Dolores Serrat

Las monitoras de comedor suelen responder a dos perfiles: chicas jóvenes que están terminando la carrera o madres de familia que trabajan algunas horas a la semana para sacarse un dinero. Se trata de un trabajo complicado y poco valorado. Hacer que los 15 ó 20 niños a tu cargo se coman toda la comida y no armen mucho revuelo es misión casi imposible. Cobran un sueldo ridículo y deben soportar que otras madres les exijan que consigan lo que ellas no pueden: que sus hijos se coman la verdura, el pescado, la fruta... Tienen contratos precarios y viven en la cuerda floja laboral. Sobre el papel, no son un colectivo con muchas papeletas para llevar a cabo una huelga indefinida. Pero ahí están, dándole en los morros a tanto trabajador pusilánime que hay por ahí suelto. De hecho, le están echando tanto valor que hasta están desobedeciendo los servicios mínimos. Tal vez estén formulando un nuevo lema a tener en cuenta: Lucho por un trabajo mejor porque el trabajo que tengo es tan horrible que no me importa perderlo. Dignidad es la palabra.

PD: La excusa más habitual para no ir a la huelga es el dinero. Enmarquemos este argumento en un par de citas. La primera es de Marx: La necesidad del dinero es pues la verdadera necesidad producida por la economía política, y la única necesidad que ella produce. Autocastrados, aceptamos trabajo a sueldo de quien se tercie porque nos han metido a fuego en el cerebro que el dinero es imprescindible y por ese mismo dinero asumimos cualquier imposición laboral. Algunos círculos no serán perfectos pero les falta poco. La segunda cita es de Hegel, al que recurren los franceses de Tiqqun para decir que el dinero es la vida de lo que está muerto, moviéndose en sí misma. Las monitoras de comedor de esta historia podrán acabar en el paro o ganar la batalla pero, sea como sea, están vivas, por fin.

lunes, 7 de enero de 2013

Cuestión de corbatas


En una entrevista radiofónica, dijo José Saramago que, en cuestión de corbatas, era implacable. Gran frase, sí señor. Pero hay que mostrarse reticente con el escritor portugués. Sus simpatías hacia el Partido Comunistas eran algo antipáticas. El PC, cualquiera que fuera su tercera sigla, B de Bolivia, E de España, F de Francia, etcétera, ha sido siempre un partido templado, pactista, ávido de poder, contrarrevolucionario a fin de cuentas y, por tanto, de derechas. Saramago, como escritor, tiene algo de todo eso. Forzó un poco el estilo al introducir los diálogos en el mismo párrafo de la narración, acabó, felizmente, con los guiones de las conversaciones entre personajes. Pero nada más. Con ese solo efecto especial, con una sola innovación, se sintió satisfecho y la repitió hasta el aburrimiento total. Sus libros acabaron pareciéndose demasiado los unos a los otros. Pero respetaba las corbatas y eso habla bien de él.



Mayakovsky, futurista ruso, poeta, pintor, soldado de la revolución, también apreciaba el valor de las corbatas. En sus memorias escribe: Por lo tanto, lo más notable y más hermoso de un hombre es su corbata. Él se hizo una con una cinta amarilla de su hermana. Me gustaría dedicarle un post al ruso, así que no diré mucho más. En todo caso, es interesante señalar que si bien Mayakovsky participó en la revolución rusa, con versos y balas, acabó peleando contra el estalinismo y su burocracia inhumana. Su última obra de teatro estrenada, “El baño”, va de eso.



Durante el siglo XIX, el dandi era un francotirador, un tipo que abofeteaba a la sociedad conjuntando prendas de forma inaudita, caminado con altivez, despreciando el trabajo asalariado... Elegancia e individualidad contra sumisión y abovinamiento. Pero a las personas les gusta juntarse entre ellas. El amor está en el aire. La bohemia, borracha pero bien vestida, aunó subjetividad y grupo. Ahí está, sin ir más lejos, Julio Camba.



A los 16 años se escapó de casa para no ingresar en el seminario, se escondió en un barco atracado en Vigo y acabó en Buenos Aires, tratando con grupos subersivos. Allí conoció a un tal Orsini, pero no el de las bombas sino el de las corbatas. 



Orsini era un anarquista italiano, barbudo, gordo y jovial que puesto que tenía apellido de terrorífico, no le quedó más remedio que hacerse anarquista. Su padre era un burgués cualquiera empeñado en que su hijo fuera un hombre de provecho. Le puso una tienda de comestible y, en cierta ocasión, le hizo llegar un paquete de corbatas rojas, todas iguales, para que las vendiera y se ganara el jornal. Orsini las repartió entre sus amigos. La policía creyó que se trataba de algún tipo de contraseña entre ellos. Más de uno, anarquista o no, fue detenido e interrogado por llevar una elegante corbata roja.


Con Dadá, el dandismo dejó ser cosa de solitarios, y se convirtió en consigna de la banda (o movimiento supraindividual). Dadá pretendía acabar con todo y estaba dispuesto a rellenar su arsenal con lo que hiciera falta, ya fuera una letra, un fonema, una máscara o una corbata (Dadá es la conciencia del mundo y la conciencia del mundo recurre a cualquier forma para asestar sus golpes). Así lo dice Richard Huelsenbeck en su “Avant Dadá”: El dadaísta ha retirado su mirada de la lejanía y le importa poseer unos zapatos bien ajustados y un traje impecable.



La revolución irá bien vestida o no será.